Los años 1960 marcan un período de cambio en el mundo político, cultural y tecnológico en el mundo. De esta era son los Beatles, el movimiento hippie y el consumo de drogas psicodélicas. Dos figuras carismáticas, John F. Kennedy y Martin Luther King Jr. fueron asesinados y movimientos protestando la guerra se desatan en las mayores universidades en el mundo. Las Naciones Unidas admitieron a la República Popular de China entre sus miembros después de la muerte de Mao Tse-tung (Mao Zedong).

En esta época, en medio de la “guerra espacial” el ruso Yuri Gagarin se convierte en el primer ser humano en viajar al espacio y Neil Amstrong pisa por primera vez el suelo lunar. El programa televisivo “Plaza Sésamo” data de esta época. El internet aún está en su infancia como un proyecto del ejército estadounidense.

En Latinoamérica, la invasión a la Bahía de Cochinos en Cuba fracasa estrepitosamente. Fidel Castro y el Che Guevara se vuelven la fuente de inspiración anti-imperialista en la juventud latinoamericana. La Operación Cóndor en el hemisferio Sur reprime sin piedad las voces y cantos disidentes. El presidente Salvador Allende es asesinado en Chile.

En estos años, la situación del Ecuador era pobre y rezagada, culturalmente limitada, politicamente inestable. Los gobiernos democráticos son reemplazados con la dictura militar. Las compañías petroleras comienzan la explotación del petróleo en la región amazónica y una primera ola de desarrollo comienza gracias a los ingresos obtenidos por la extracción del petróleo. 

En Otavalo, la situación social de los indígenas seguía siendo deplorable y pocos niños indígenas asistían a las escuelas. La plaza de los ponchos funcionaba en una cancha de tierra. El Colegio Otavalo aún era mixto y quedaba cerca al mercado 24 de Mayo.

En medio de esta corriente de cambio surgió en el Colegio Otavalo un grupo de amigos agrupados bajo el nombre deportivo “Santos”, el cual se cambió luego a “Atlético Otavalo”. Con el paso del tiempo el grupo se transformó en un movimiento juvenil numeroso (alcanzó a tener 138 miembros, entre hombres y mujeres). 

Entonces se hizo un concurso para elegir un nombre más representativo y de entre los propuestos se seleccionó el nombre sugerido por Fabián Barragán, cuyo nombre “Atabaliba” lo había escogido de un libro de historia en la biblioteca municipal. Esta acepción del nombre del último emperador inca fue pluralizado para representar el ideal que flotaba entonces: Por la reivindicación de los valores nacionales. 

El color elegido para el equipo deportivo fue rojo, el escudo contenía un triángulo con un sol, símbolos ancestrales de los Andes. 

Los Atabalibas son muy recordados por sus gestas futbolísticas, poseían abundante material humano y rico en calidad tal que la selección de Otavalo llegó a tener ocho miembros de los Atabalibas entre sus jugadores titulares. Obtuvieron un bicampeonato a nivel de clubes y constituían el equipo a derrotar en los campeonatos locales. Algunos de sus integrantes fueron: Alfredo “loco” Avilés, los hermanos Orbe: Fausto, Marcelo y Rodrigo, el “negro” Ruales, “guagua” Rosales”, “mama” Villa, “flaco” Velasco, “Chibolo” Armas, Luis “indio” Echeverría. Washington “katio” Méndez pasó a jugar profesionalmente por la Universidad Católica y posteriormente integró la selección nacional del Ecuador.

Vale mencionar un detalle singular por el sentido social que conllevaba: como aún se acostumbra en Otavalo, previo a la ceremonia de inauguración de los campeonatos de fútbol, los equipos suelen desfilar por las calles de la ciudad con sus respectivas madrinas y dirigentes. Los Atabalibas, siguiendo su línea de pensamiento, escogieron como madrina a una estudiante indígena de San Pablo, Adela Maygua, quien en vez de llevar un ramo de flores, llevó un haz de trigo. Era la primera vez que una indígena representaba a un equipo de mestizos. Ella fue elegida la Reina del campeonato. Esta acción constituyó en sí un mensaje poderoso: un llamado de atención para incluir a los indígenas en la vida de la ciudad y darles el mismo respeto que se merecen todas las personas.

Sin embargo, los Atabalibas no sólo hacían fútbol. Su labor cultural iba a la par de su actividad deportiva. “Octubre, mes de la cultura” , por ejemplo, es una idea surgida de este grupo, mucho antes que “Agosto, mes de la cultura” en Quito. Se organizó un Festival de Bandas de Pueblo. Carlos Michelena estuvo invitado a demostrar sus dotes humorísticas en la ciudad. Se realizó conciertos de música en las iglesias por navidad, se organizó el programa “Los niños pintan a Otavalo”. La “Cantata a Otavalo” fue un apoteósico homenaje a Otavalo basado en una obra de teatro compuesta por Juan F. Ruales y con la colaboración de la Banda Municipal y las escuelas de la ciudad.

Hay un par de anécdotas que merecen ser compartidas por las implicaciones que ellas tienen en la actualidad. La primera, el maestro Oswaldo Guayasamín accedió a exhibir una muestra parcial de su famosa colección “La Edad de la Ira” en Otavalo. El sitio escogido para la muestra fue el Salón de Sesiones del Concejo Municipal. Los Atabalibas se esmeraron en adecentar y bajo las órdenes del maestro Guayasamín fijaron los cuadros minuciosamente, donde un milímetro era rigurosamente alineado. La inauguración se llevaría a cabo el día siguiente a la tarde, se apagaron las luces, se cerraron las puertas con llave y todo mundo regresó a sus casas. Pero como ocurre en todas partes, la falta de comunicación puede provocar remezones de gran magnitud similares al descrito a continuación. 

En la mañana del día siguiente había sido planificada la visita de una delegación extranjera al Presidente del Concejo Municipal y la señorita secretaria fue ordenada que arreglara la sala de sesiones y arrinconó apuradamente los cuadros en una esquina y los ocultó con una cortina mientras duró la visita. Es de imaginar los apuros de los Atabalibas para poner los cuadros tal como los había organizado el maestro Guayasamín. Al Presidente del Concejo Municipal este suceso le ocasionó más de un dolor de cabeza.

La segunda anécdota es de tipo social. El precio de la leche había aumentado sin previo aviso lo cual ocasionó un malestar a las familias. Los Atabalibas, interpretando ese disgusto como una señal, un día decidieron tomarse los camiones que transportaban leche y repartir a la gente. Este acto tuvo una repercusión positiva como ser reconocidos como jóvenes valerosos realizando un acto de justicia social, una especie de Robin Hood locales. Es de suponer que entre los aficionados al fútbol, muy pocos ganaderos alentaban a los Atabalibas. 

En la actualidad, los miembros de esta agrupación se dedican a diversas ocupaciones. Ellos marcaron una época en el campo deportivo, cultural y político y merecen ser recordados con respeto porque sus ideales encarnaron el espíritu del cambio histórico y que aún siguen siendo inspiración para la gente que mira al futuro de Otavalo. El pasado de Otavalo ha sido valeroso desde sus comienzos, y los Atabalibas con acciones concretas así lo demostraron.


Fuente: Orbe, Rodrigo. Comunicación personal, 17 de agosto de 2016.