Transcribimos la leyenda copilada por el antropólogo Aníbal Buitrón, titulada El Cuichi.


En las afueras de Otavalo, junto al río Jatunyacu, se pueden ver hasta ahora las ruinas de un viejo molino. Fue éste el único edificio que no se vino al suelo en el horrendo terremoto de Imbabura acaecido en 1868. Cerca de ese viejo molino, a orillas del río, existe una vertiente de agua. Más arriba el río da un salto conocido con el nombre de Cascada de Peguche.

Los indios dicen que el cuichi o arco iris se aparece en los pogyos (vertientes) y en las pacchas (cascadas). El cuichi persigue a quienquiera que lleve poncho rojo con franjas verdes y también a las mujeres embarazadas. El cuichi puede present se bajo diferentes formas.

Un indio de Peguche cuenta que al pasar por las vertientes de agua, junto al viejo molino, vio que el cuichi se transformaba en una recua de burros que empezaron a seguirle resoplando y rebumando ruidosamente. Otro indio dice que al pasar un día por el mismo pogyo vio que el cuichi tomaba la forma de una piara de pequeños cerdos que le seguían obstinad ente olfateándole y gruñendo.

Cuando el cuichi agarra a una persona, ésta se enferma con granos y sarnas por todo el cuerpo que ni los médicos pueden curar. En estos casos los curanderos indígenas han tenido éxito bañando a los pacientes con orina. Cuando el cuichi se apodera de una mujer embarazada, ésta se enferma al cabo de un mes y da a luz únicamente renacuajos, sapos y lagartijas.

Los indios dicen que hay dos clases de cuichis: uno, el de colores que todos hemos visto alguna vez, y otro, que es blanco entero, que en vez de presentarse en forma de un arco se tiende en el suelo semejando una pieza de lienzo puesta a secar. Este cuichi blanco es conocido con el nombre de Gualambari. Dicen que los brujos están compactados con el Gualambari.

Rosa Lema cuenta que un día que estuvo lavando ropa en una acequia de Peguche, en un momento desapareció la ropa como por encanto. Buscándola fue a encontrarla al pie de una pequeña paccha que forma la acequia poco más abajo. La ropa estaba dando la vuelta vertiginosamente como si fuera una rueda, produciendo un ruido aterrador. Quiso coger la ropa, pero el agua le azotaba y empujaba como si fuera látigo. Sintió miedo y empezó a gritar pidiendo auxilio. Llegaron algunos indios en su ayuda y hasta ellos, a pesar de que eran hombres fuertes y valientes, tuvieron dificultad de recuperar la ropa que se había apoderado el cuichi.


Jaramillo Cisneros, Hernán (Compilador). “Por las calles de Otavalo. -De arriba abajo-” Revista Sarance -Serie Monografías- No. 1. Instituto Otavaleño de Antropología y Universidad de Otavalo, 2006. Web. 31 de octubre de 2016.