Nació en Otavalo el 13 de febrero de 1902. Fue autor de dos excelentes narraciones, La Embrujada (1923) y Plata y bronce (1927), que sentaron las bases de la novela indigenista ecuatoriana.

Hombre de vivas inquietudes humanísticas y vasta formación cultural, decidió orientar su vida profesional por el sendero de la docencia, por lo que, en plena juventud, se matriculó en el Instituto Normal Juan Montalvo (Quito), donde obtuvo el título de maestro. Marchó luego a México para ampliar tanto sus horizontes vitales como sus conocimientos académicos; y, tras especializarse en Pedagogía, regresó a su país para emprender su carrera docente como maestro de escuela en Otavalo.

Rondaba, a la sazón, los veinte años de edad, y fue por aquel entonces cuando decidió probar fortuna como escritor, para plasmar sus vivencias y observaciones de aquel período en una especie de novela corta, La embrujada (1923), impresa entre las páginas de una publicación periódica de Quito, la Revista de la Sociedad Jurídico-Literaria.

Esta primera incursión del joven Fernando Chaves en la prosa de ficción fue saludada con grandes elogios por parte de la crítica especializada, lo cual le alentó a enfrascarse en un proyecto narrativo mucho más ambicioso, la novela extensa titulada Plata y bronce. El éxito volvió a sonreír a Chaves con esta nueva entrega literaria, que fue galardonada con el primer premio en un certamen convocado por el grupo América, señalada pronto por la crítica como uno de los grandes hitos de la prosa de ficción ecuatoriana.

Chaves albergó, desde su juventud, una serie de inquietudes cívicas que, amparadas siempre por sus firmes convicciones democráticas, le impulsaron a vincularse estrechamente con la evolución política y cultural de Ecuador. Así, al margen de desempeñar durante algún tiempo diversas actividades en el seno del Partido Socialista (al que llegó a pertenecer en calidad de afiliado), aunó sus valores cívicos con sus méritos académicos para culminar su carrera política ocupando el cargo de Ministro de Educación Pública durante el mandato gubernamental del Presidente Galo Plaza Lasso. Además, desempeñó brillantes funciones diplomáticas en calidad de cónsul de Ecuador en Alemania, Francia y Portugal, y fue también embajador plenipotenciario de su nación en El Salvador, Nicaragua y México.

Chaves se casó con Magdalena Marie Ribreau. Por sus servicios al país y por la relevancia de su labor literaria, recibió la Orden Nacional al mérito en el grado de Gran Cruz en 1991. Falleció en 1999.

OBRA

Especializado en los ámbitos de la pedagogía y la sociología, Fernando Chaves sobresalió por la publicación de algunos ensayos tan notables como Ideas sobre la posición actual de la pedagogía (Quito: Ministerio de Educación Pública, 1933) y El hombre ecuatoriano y su cultura. Además, publicó un interesante colección de apuntes y reflexiones de viajes titulada Crónicas de mi viaje a México (1935)-, así como una magnífica traducción al castellano de Carta al padre, de Franz Kafka. En este último trabajo, Chaves no sólo hizo gala de su perfecto dominio del alemán y su capacidad para traducirlo a la lengua hablada por millones de hispanoamericanos, sino que demostró también estar especialmente dotado para el ejercicio de la crítica literaria, como dejó patente en el lúcido ensayo con que encabezó su traducción, titulado Obscuridad y extrañeza (a propósito de Franz Kafka) (Quito: Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1956).

Pero, sin duda alguna, su gran aportación a la cultura ecuatoriana contemporánea se sitúa en el campo de la creación literaria, donde ocupa un lugar privilegiado por su condición de fundador de la narrativa indigenista. Ya su primera narración, la novela corta La embrujada, Chaves lograba superar, en parte, los cánones estéticos dictados por el Modernismo -corriente que todavía dominaba en buena parte de las literaturas hispanoamericanas- para adentrarse en la psicología y el entorno ambiental de un personaje indígena de hondo calado social, que hace de la sensualidad -en uno de los rasgos más audaces y originales de este texto- un instrumento de rebeldía y protesta.

En Plata y bronce -según apunta el estudioso de la Literatura Bruno Sáenz Andrade- se hace aún más patente ese compromiso de Chaves con las inquietudes sociales de la población indígena; de ahí que pueda afirmarse que esta segunda narración del escritor de Otavalo, al prescindir ya definitivamente de esos residuos modernistas que aún estaban presentes en La embrujada, se presentó como el auténtico punto de partida de la novela indigenista ecuatoriana.

Tras un largo paréntesis en su carrera literaria, Fernando Chaves volvió a sorprender gratamente a críticos y lectores con una tercera e inesperada novela, publicada bajo el título de Escombros (Quito: Ed. Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1958). Como era de esperar en una obra que aparecía en los anaqueles de las librerías al cabo de treinta años de la publicación de su última incursión literaria, esta sorprendente novela de Chaves rompía radicalmente con la estética y la temática de sus narraciones anteriores, para indagar en un conflicto amoroso presidido por la incomprensión y el desencuentro. Novela rica en exploraciones psicológicas que revelan la riqueza o pobreza interior de los protagonistas, Escombros narra la patética historia de un matrimonio ciertamente desigual, en el que el esposo, mucho mayor que su mujer, se abandona sumisamente a los caprichos de una compañera a la que tiene reputada como un cúmulo de perfecciones (de hecho, la llama continuamente “Perfecta”, sin permitir que el lector llegue a descubrir el nombre auténtico de la joven). El conflicto surge cuando la esposa, aburrida de esa situación de aparente privilegio, se da cuenta de que, en el fondo, no es sino una esclava de su marido, cuya forma de ejercer el dominio consiste, precisamente, en atribuirle dicha perfección y concederle todos los caprichos.


Fuente: Fernández de Cano, J. R. “Chaves, Fernando”. mcnbiografias.com, (nf). Web. 12 Junio de 2016.