Pedro López Navarrete nació en Otavalo en 1892. Se educó en la escuela y Normal “Diez de Agosto” de esta ciudad. Se destacó como fotógrafo paisajista, presentó algunas exposiciones de su arte, con una variedad inmensa de postales y ampliaciones, muy especialmente de Otavalo y sus contornos, exposiciones que tuvieron lugar en uno de los salones del palacio municipal, en la fiesta clásica de Otavalo. Sus colecciones ya de postales, ya de álbumes de vistas y paisajes ecuatorianos son muy apreciados por propios y extraños. Recorrió casi toda la república, el sur de Colombia y parte del Perú, pero su cariño desmedido a la urbe de su nacimiento le hizo regresar a ésta. Falleció en 1942.

Francisco H. Moncayo se expresa de Pedro López Navarrete como El hombre que amó mucho a su tierra: “Con la cámara bajo el brazo, vibrando de inquietudes, Pedro López Navarrete deambulaba por las alturas. Sus ojos semicerrados buscaban las llamas anunciativas de lo s crepúsculos matutinos o las languidescentes de los tramontos. Se agitaba ante la cristalería de las aguas enfocadas por la luz. Abría su máquina fotográfica, encuadraba el paisaje, regulaba la distancia y el obturador y anhelante sabía esperar la crispación de un rayo luminoso para aprender el milagro de las contraluces y el perfil eurítmico de las siluetas. Los eucaliptos que se yerguen j unto al camino o en las combas de las lomas, los lecheros que se alzan llenos de modestia y tímidos en las riberas de los lagos y que sólo dejaron adivinar a la intuición del amigo el milagro de su fotogenia con el entrelazamiento caprichoso de sus ramas, las piedras y rocas olvidadas que hacen de esfinges milenarias, de torsos de bronce que los indios junto a la yunta con la esteba y la reja en las manos sarmentosas, figuran en las fotografias como en brochadas expresivas haciendo de primeros términos. Él encontraba un motivo de arte en todos los lugares, en los sitios abiertos y en los rincones humildes. Sus pupilas sabían ver lo que otras no lograron abarcar y presentaba las cosas aparentemente distintas…

“El encontró al lechero como un milagro armonioso de la fotogenia. Halló a la esfinge milenaria y misteriosa en una roca contemplativa del Lago, perdida sobre las riberas del Araque y tuvo la visión de las vírgenes indias, desnudas en las votivas abluciones de las mañanas, junto al Salto del Peguche, o entre las frondas de las Lagunas . . . La urbe alegre y coquetona, la figura estilizada del Cristo de las Angustias, los templos figurativos de místicos fantasmas, el altosano caprichoso, el campo repleto de trigo y de maizales, las curvas del camino , el porte donairoso de los árboles, el Chicapán simbólico y civilizado, la melancolía salvaje de Jaricocha, Huarmicocha y Yanacocha, perdidos en los cuencos agrestes del Moj anda, entre los pajonales del páramo y la conseja de los Méndez y Remaches, la taza polícroma de paredes a pico del Cuicocha; las crestas del Cunru, del Cusín y de lmbabura, la testa plateada del Cotacachi y el agro abierto de la comarca, oloroso a flores y a entraña prolífica de tierra trabajada y fecundada, el poema del indio y sus costumbres y sus ritos, fueron destilando el zumo de su hermosura para quedarse definitivamente plasmados en una perpetua evocación de belleza. Pedro López hizo- el milagro y el milagro se aventó para los amantes del arte y para el viajero sediento de la consagración del recuerdo…

“Estoy mirando mi vieja Calle Real. Ella sabe la inquietud de nuestra juventud, conoce su alegría pero también acoge su pena. A su vera se han forjado las esperanzas y se ha plasmado la inquietud de los esfuerzos. Ahora la entreveo enlutada. El cortejo avanza con el paso tardo de las reconcentraciones. Pedro López Navarrete, el hombre que amó tanto a su tierra, y que tanto le dio, que fue un fanático de ella, va siguiendo la trayectoria indefmida. Pedro López ha muerto . . . Y sobre las calles abiertas flota el eco plañidero, el canto funerario de las campanas de San Luis, de El Jordán y San Francisco”.


Fuente: Jaramillo Cisneros, Hernán (Compilador). “Por las calles de Otavalo. -De arriba abajo-” Revista Sarance -Serie Monografías- No. 1. Instituto Otavaleño de Antropología y Universidad de Otavalo, 2006. Web. 31 de octubre de 2016.