Donde nació Jacinto Collahuaso? ¿Es cuestionable el dato? En Otavalo se sabe, desde hace tres centurias, que el cacique indiano Jacinto Collahuaso nació en este lugar por los años 1660, cuando Otavalo tenía la categoría de Asiento y era cabecera del Corregimiento del mismo nombre.

En el período colonial los caciques ejercían autoridad ante los indígenas por expreso reconocimiento de las Leyes de Indias, y gozaban de ciertos fueros para el mantenimiento del orden, cobranzas de tributos y vigilancia del trabajo que relizaban los miembros de las comunidades indígenas.

Uno de los caciques otavaleños del período de la conquista española fue Collazos, según el testimonio del Adelantado D. Sebastíán de Benalcázar, que reproducimos:Al tiempo que salí de Caxamalca, donde fue preso Atabaliba, en descubrimiento de esta tierra, por mandato del Marqués, y en nombre de Vuestra Majestad, yo descubrí y poblé la ciudad de Quito, y habiéndola poblado y repartido, yo tomé en nombre de Vuestra Majestad al cacique llamado Otavalo, que terná hasta mil quinientos indios; dará agora de renta a la persona que la tiene hasta mil quinientos a dos mil pesos; y teniendo noticia de esta tierra, por más servir a Vuestra Majestad yo le dejé y vine en demande de ella, en la cual he andado como Vuestra Majestad sabe. A Vuestra Majestad suplico, pues yo lo serví y trabajé y fui el primer descubridor y poblador sea servido que me dé para uno de mis hijos el dicho Otavalo con los demás indios que allí tuve, con el cacique Collazos, y porque junto a este Otavalo está un cacique que se dice Carangue, que ternás hasta quinientos indios, que es todo una legua y una parcialidad, tiene lo uno que he servido a Vuestra Majestad dándole ya con él sea satisfecho.

Y para acentuar la presencia de Collahuasos, gobernados por caciques del mismo gentilicio, en Otavalo, insertamos la referencia de Cieza de León que corre inserta en su celebrada “Crónica del Perú”. Es la siguiente:De los reales aposentos de Carangue, por el camino famoso de los incas, se vas hasta llegar al aposento de Otabalo, que no ha sido ni deja de ser muy principal (sic), el cual tiene poblaciones de indios naturales. Los que están al poniente (léase levante) de estos aposentos son Poritaco, Collaguazo, los guancas y cayambes.

Una de las facultades caciquiles, reconocida por las Leyes de Indias, que más estimaran los indígenas investidos de esta autoridad, era la de transmitir tan notables funciones a sus descendientes, con sus emblemas, el orgullo de su tradición y la autoridad de gobierno y mando.

Jacinto Collahuaso recibió todos estos atributos como parte de su ser, como algo cierto y real que éstaba llamado no sólo a conservar sino también a enaltecer en su condición de hombre de letras, a tal punto que los mismos españoles y criollos, o pesar de los prejuicios sociales imperantes en la época, no podían ser ajenos al respeto que imponían el talento y la vasta ilustración del cacique otavaleño.

Explicable es, por lo mismo, que en el Otavalo de fines de siglo XVII y mediados del XVIII, fuera muy conocido el ilustrado historiador, y que la mejor tradición lugareña de los siglos subsiguientes, trasmitida de padres a hijos, y de profesores o discípulos, desde que el notable corregidor español don }osé Posse Pardo fundara con su peculio lo primera escuela pública para hijos de los caciques y niños pobres del lugar, se hizo lenguas de un Collahuaso representativo de la más acendrada cultura otavaleña del período colonial.

Lo tradición oral de un hecho claro y cierto, como es el nacimiento de Collahuaso en Otavalo, ha corrido de boca en boca por todo el territorio del extenso corregimiento, conservándose o lo largo de tres siglos en un alto plano de interés público, desde el momento en que se lo vio como miembro de una notable familia indígena, apellidada Collase, Collabase, Collahuase o Collahuaso, hasta situarlo, en razón de las capacidades intelectuales y del mérito extraordinario que comportaba su condición de historiador, en el corazón de sus coterráneos. Lo tradición, con su rastro cierto y seguro, por referirse a un personaje histórico a quien conocieron nuestros antepasados, sería prueba suficiente, de no haber otras, para.desvanecer la argumentación negativa de lo otavaleñidad de Collahuaso. Lo tradición, la vivencia íntima de los pueblos, constituye un testimonio de certidumbre respecto de personas o sucesos sobre los cuales no se ha dejado suficiente y clara constancia escrita. Con todos las lagunas que ofrece, con todas las diferencias adjetivas que conlleva al pasar de una generación a otra, y más aún, de un periodo a otro, no puede ni debe ni jamás ha sido descartada como fuente de información.

Razones ha tenido, pues, quien dijera que la persistencia o debilidad de las tradiciones es uno de los elementos decisivos en lo evolución de la sociedad. Pueblo que ignora el ayer, que desconoce su pasado, que ha perdido el rastro de las generaciones que le precedieron dlfícilmente logrará un porvenir brillante. La tradición ha de conservarse entre los evangelios de un pueblo culto, incapaz de ahogar deliberadamente la verdad, siendo esto mismo, precisamente, lo que ha ocurrido con referencia a Collahuaso en la memoria de sus coterráneos, los otavaleños.


Fuente: Jaramillo, Víctor Alejandro. “Jacinto Collahuaso -Biografía.” “Sarance Revista del Instituto Otavaleño de Antropología: Otavaleños Ilustres, Octubre 1975, Año 1, Número 1.