La columna vertebral es un conjunto central que brinda soporte y movimiento al cuerpo. Posee una forma y estructura predeterminada para lograrlo. Vista desde la parte trasera, es recta. Observada de lado, la columna vertebral tiene una curva diferente en varias secciones individuales, para formar una “S” que minimiza y distribuye las cargas que ocurren naturalmente al caminar o al estar erguido. 

La cifoescoliosis, es un trastorno de la columna vertebral relativamente común que afecta a aproximadamente 1 de cada 1.000 personas. Las deformidades incluyen una excesiva curvatura espinal en los planos coronal (escoliosis) y sagital (cifosis), así como la rotación del eje espinal.

Presentamos a Miguel Ángel Rueda Rodríguez, un otavaleño que padece una malformación congénita y una personalidad rebosante de optimismo.

Nació en Otavalo, el 10 de octubre de 1957. Realizó los estudios primarios en la Escuela “José Martí”, de Otavalo. La educación secundaria la recibió en el Seminario “San Diego”, de Ibarra. Ahí fue considerado el mejor egresado y recibió el honor de ser el Abanderado de la institución.

Amigos de la infancia. De izquierda a derecha: Fabián Chiliquinga, Miguel Ángel Rueda, Patricio Villa.
FOTO © Miguel Angel Rueda.

Fue a estudiar en la Universidad Central del Ecuador, en los años 1975-1980 y obtuvo el título de Licenciado de Segunda Enseñanza, especialización en Biología y Química. Alcanzó las mejores notas y fue declarado el Mejor Egresado de su promoción.

Desde 1981 hasta 1985, estudió en la Universidad “Tecnológica Equinoccial” de Quito y recibió el título de Licenciado en Administración Hotelera.

Desde 2011 hasta 2013, hizo estudios en el Seminario “Reina Valera”, en Houston, USA. Su Tesis fue considerada excepcional y le fue otorgado el Diploma “Cum Laude” en Consejería Cristiana.

Es fluente en italiano e inglés y puede comunicarse en portugués. Contrajo matrimonio con Rosita Carrasco en 1987 y tienen una hija, Ivonne Rueda. Desde 2004, vive en Bellavista, San Antonio de Ibarra.

Actividad profesional
En 1979, fue Profesor de Química en el Colegio María Angélica Hidrovo, Quito.
En 1985, fue Administrador de la Clínica de Emergencias, Quito.
En 1992, fue Administrador del Club Náutico Regatas.
En 1998, fue Propietario–Docente del Centro de Cómputo “COMPUMAR”, Otavalo.
Desde 2004, dicta clases privadas para los bachilleres que se preparan a tomar el examen de ingreso a la universidad.
Desde 2011, ejerce la práctica privada de consejería juvenil y matrimonial.

Aficiones
Participa como ponente en algunos grupos temáticos en internet:
“Gloriade Roma”, de España;
“Natgeo”, de USA;
“Academiaplay”, de España;
“The Economist”, de USA;
“History”, de USA;
“A guerra na história”, de Brasil;
“Artisti rinascimentali”, de Italia.

Otavalo
Recuerda a sus profesores de la Escuela José Martí: Raúl Maya, José “Pepe” Oña, Jacinto Muriel, Luis Galarza y Luis Burbano. Dice que los estudiantes aprendían a ser “incorruptibles” y se siente muy agradecido de la educación que recibió en la ciudad. Recuerda con especial afecto a Pepe Oña, pues le estimuló constantemente a no sentirse diferente y lo integró a los grupos de deporte de la escuela.

Dos veces hizo una gira por el mundo, gracias a la generosidad de su papá, Don Ángel Rueda, quien le regaló los pasajes de avión con destinaciones ilimitadas. Aprovechó para visitar muchos países del extranjero. Recuerda que los boletos costaban 1.200 dólares en esa época.

Padece una enfermedad congénita conocida como “cifoescoliosis dorsal” y “escoliosis lumbar rota”. Producto de la malformación que produce la enfermedad en el tórax, su capacidad respiratoria fue afectada considerablemente y se hizo urgente una cirugía que le permitiera respirar adecuadamente. Se sometió a una operación, en 1980, durante el último año de la universidad. Después de pasar los efectos de la anestesia, se comprobó la falta de movilidad en sus miembros. El efecto colateral de la operación lo dejó parapléjico y obligado a usar una silla de ruedas para movilizarse. Después de eso, se ha sometido a tres operaciones muy delicadas en la región dorsal y lumbar, la última, en 2012. La condición actual ha sido calificada como discapacidad física del 76%.

La silla de ruedas le ayuda a desplazarse y posee un auto, cuyo volante ha sido adaptado a su movilidad, para que pueda hacer trayectos más extensos. En el año 1990, Luz Elena Coloma, actual concejal del Distrito Municipal de Quito, realizó una nota periodística para el programa “La Televisión”, de Freddy Elhers. Dicha nota se refería al proceso de adaptación ortopédica que Carlos Almeida, tío de Miguel Ángel, había desarrollado para que el manejo de un auto normal pudiera ser hecho con las dos manos y el codo derecho. El programa tuvo mucho eco y algunas personas con discapacidad física se motivaron y replicaron su esfuerzo.

Con sus amigos de la infancia y sus esposas. De izquierda a derecha: Marcia Donoso, Rosita Carrasco, Mónica Narváez, Fabián Chiliquinga, Norma Armas, Patricio Villa y Juan Ramírez.
FOTO © Miguel Ángel Rueda.

Le preguntamos acerca de su fuente de energía para tomar la vida con optimismo. Su voz, que transmite una tranquilidad natural, dice que recibió el bautismo a los 30 años de edad. Su círculo familiar siempre le ayuda a tener una visión transcendental de los sucesos de la vida. No es pastor ni predicador, se llama a sí mismo Asesor Psicológico y Matrimonial. Su enseñanza está basada en la sabiduría proveniente de la Biblia.

El término “ángel” proviene del griego “angelos”, cuyo equivalente en castellano es mensajero. A mucha gente le puede resultar difícil aceptar que los milagros existan, pero un acto divino puede ser discernido a través de una voz, un gesto o un consejo oportuno. Los caminos de Dios son inefables, los milagros ocurren a diario.

La vida de Miguel Ángel ha sido difícil desde su nacimiento, pero su valentía para enfrentar los escollos y sobreponerse a ellos, es digno de respeto. Ni la anomalía genética, ni las cirugías, ni la falta de movilidad le han impedido llevar una vida normal, plena. Ha crecido como persona y profesional, en todos los campos que ha incursionado, por su voluntad, constancia, deseo de superación y confianza en sí mismo. Pero, también, por los valores que le vienen de sus padres, su capacidad de reflexión, sus pensamientos siempre positivos y sus profundas creencias, que le han movido a ser más humano, a valorar la vida y sus problemas de manera distinta al resto de personas, a ser feliz y a darse a los demás.


Fuente: Rueda, Dorys. Comunicación personal, 10 de marzo de 2021.