Es el artista extraordinario y de mayor relieve en los anales de la historia local. Nace en Otavalo hace más o menos 70 años (aproximadamente en 1870). Sus padres fueron don Nicolás Rueda y doña Encarnación Raza. Su humilde infancia es la proyección clara de su procedencia sencilla. Su padre era mayordomo de la “Quinta”, muy estimado por sus patronos, los señores Moncayo.

En don Manuel María, desde muy niño ‘Se vislumbraba el artífice en germen. Ya en plena juventud y con el auxilio de una magnífica biblioteca que había adquirido a costa de grandes privaciones, fue destacándose como un genio. Su obra artística es prolífica.

Discípulo de don Manuel Salas (por el corto tiempo de tres meses) en el arte escultórico y de don Luis Garzón en el pictórico, fue perfeccionándose en sus disposiciones. Inicia sus trabajos en madera para luego darles forma y vida al yeso y al bronce. Su nombre ya atrajo la atención de muchas personas de viso político.

El señor Julio Andrade, admirado de su habilidad le trajo a Quito, que sus principales protectores han sido el señor don Abelardo Moncayo y el señor Juan León Mera; y que sus ansias de aprendizaje solo vinieron a realizarse cuando hace dos años llegó a la escuela de Bellas Artes, el maestro de escultura señor don Libero Valente, de quien ha llegado a ser el más hábil y el primero de sus discípulos.Monografía de Otavalo

Como alumno distinguido de Valente, supo reemplazarle en su cargo, cuantas veces este necesitaba ausentarse de Quito.

Pero el señor Rueda a pesar de haber dado pruebas reiteradas de su arte en sus expresiones más profundas, era un valor casi incógnito por el egoísmo de quienes veían en él a un rival poderoso, y porque el arte, así como la ciencia, se creía hasta entonces que era patrimonio exclusivo de quienes llevaban en sí la sangre ibera de los conquistadores.

Con razón en doctor Amable Herrera se expresa de él en la forma siguiente: “Don Manuel María Rueda no es un aristócrata de la sangre: pertenece a la más encumbrada aristocracia: a la del talento». Doña Zoila Ugarte de Landívar y otros intelectuales se comisionaron, desde la prensa, de exaltar los blasones artísticos del señor Rueda.

Hoy se halla en Roma. Esto es desde cuando el Gobierno de Eloy Alfaro, en su última administración, le otorgó una beca para que fuera a perfeccionarse. Cancelado el apoyo del Estado, resolvió quedarse allí, en donde ha abierto un taller y ha formado su hogar. De vez en cuando aflora con indecible cariño a la tierra nativa. Y volvería de estar seguro que su arte le suministrara los medios para sus necesidades cuotidianas como las tiene en aquellas urbes privilegiadas.

En 1904 recibe “una medalla de bronce por un grupo tallado en madera, que representa la República y las Artes”. En julio de 1907 obtiene el primer premio en un concurso abierto por la Academia de Bellas Artes de Quito.

En Italia, en un certamen nacional, se adjudica el primer premio por sus trabajos decorativos para el monumento del Rey Humberto. Esto da la oportunidad para que sus talleres fueran visitados por muchos exponentes del arte italiano.

Sus obras se hallan diseminadas en Otavalo, y algunas pasan como anónimas. El señor Luis Garzón guarda con suma religiosidad una reliquia de arte, un Cristo, trabajado antes de que partiera a perfeccionarse en Quito, cuando ya dio muestras de ser “un artista consumado”. Es una maravilla de obra porque alcanza la suprema expresión de dolor del Divino Asceta.


Fuente 1: Jaramillo Cisneros, Hernán (Compilador). “Por las calles de Otavalo. -De arriba abajo-” Revista Sarance -Serie Monografías- No. 1. Instituto Otavaleño de Antropología y Universidad de Otavalo, 2006. Web. 31 de octubre de 2016.