Cuando Yolanda Terán, una indígena Kichwa de Otavalo, Ecuador, recibió una beca Fulbright para ser becaria en el Sisseton Wahpeton Community College en Sisseton, Dakota del Sur, estaba muy emocionada. “Sentí que venía a trabajar con mis hermanos y mis hermanas”, dice Terán, quien es la coordinadora nacional de educación y cultura indígena para el Consejo Nacional de Mujeres Indígenas en Ecuador. “Estaba ansiosa por intercambiar información sobre nuestras dos culturas. Tenía en mente que todos éramos indios al fin y al cabo”.

Yolanda Terán, quien obtuvo una maestría de la Universidad de Leicester en Inglaterra, ha tenido una carrera académica estelar en una variedad de entornos internacionales. Sin embargo, en Sisseton, se sorprendió cuando experimentó un “choque cultural” en el frío clima del norte y en el entorno rural. El campus está ubicado en la Reserva Lake Traverse, y el 75 por ciento de sus estudiantes son nativos americanos. Si bien descubrió que había muchas similitudes entre las dos culturas, también había diferencias importantes. “Creo que las personas en el norte usan más la mente y son más discretas y reticentes”, explica. “En el sur, usamos más el corazón. Tendemos a ser más expresivos y emocionales”.

Al principio, Yolanda Terán confiesa, se sentía como una extraña. Al comienzo del semestre de otoño de 2000, en su clase sobre “Growing Up Indian”, los estudiantes se mantuvieron callados y no reaccionaron mucho. Sin embargo, siguió acercándose, tanto en clase como en la comunidad, y las diferencias culturales se evaporaron rápidamente.

“Cuando los indígenas ven lo duro que trabajas, te respetan y te ayudarán a establecerse, pero lleva tiempo”, señala Terán. “Al final del trimestre, mi clase y yo nos sentimos muy cómodos el uno con el otro”.

La próxima primavera, ella enseñó “Temas contemporáneos de la vida india”. En ambas clases, su objetivo era ayudar a los estudiantes a comprender la importancia de la cultura, la identidad cultural y el multiculturalismo. Ella les pidió que compararan las culturas Dakota y Kichwa. Ella los animó a recuperar sus raíces ancestrales y sentirse orgullosos de ser indios.

“Hubo mucho intercambio, y me enseñaron mucho sobre su cultura”, dice. “Fue un aprendizaje interactivo. Trajeron música e historias, cantaron y bailaron. Realicé la ceremonia de purificación de la casa de sudor, y me afectó profundamente”.

Ella y sus alumnos también descubrieron que su gente enfrenta muchos de los mismos problemas. En ambas Américas, debido a circunstancias históricas, los pueblos indígenas todavía están “lidiando con la cultura de la vergüenza”, observa Terán. “También tenemos los mismos problemas sobre la tierra. Están intentando recuperar sus tierras ancestrales, y nosotros también”, afirma. “La sociedad está cambiando tan rápidamente que nuestra gente se siente perdida. Queremos que puedan retener sus valores y costumbres”.

Los indios de ambos hemisferios están trabajando arduamente para recuperar la espiritualidad, señala Terán. “Creemos que es una buena forma de enseñar a niños pequeños y jóvenes a estar orgullosos de su herencia”.

El hijo de Terán de 4 años, Curi Mallqui (que significa “Vida Sagrada”), quien estaba inscrito en un programa tribal de Head Start, disfrutó enormemente de Sisseton, dice ella. “La universidad y la comunidad han sido maravillosas para mí y para mi hijo”, agrega. Le pidieron que extendiera su estadía, y lo hizo por dos meses.

“Creo que ambos hemos aprendido mucho”, afirma Terán. “Lo más importante es que aprendí que, aunque existen diferencias, los indios de América del Norte y del Sur tienen las mismas caras, las mismas necesidades y los mismos problemas. Quizás podamos trabajar juntos para encontrar una solución común a esos problemas”.


Fuente: Fullbright Scholar Program. “Yolanda Terán”. (nd) Web. 2 de mayo de 2018.