Edwin Rivadeneira comparte con nosotros un caudal de anécdotas. El humor fino es fácil de percibir. Disfrute.

Foto © Edwin Rivadeneira.

OTAVALO
1) En mi infancia, al regresar desde el jardín de infantes, un buen día, cogí un buen pedazo de carbón y en las relucientes paredes de las casas pintadas con cal, tracé una línea ondulada hasta mi casa. Esa fue mi primera travesura.

2) En la etapa escolar, la hora de baño la cumplimos en la Gruta del Socavón. Un día, al realizar esa actividad, al regresar, en la cercana Piscina El Neptuno, en el nivel más alto de la plataforma para saltos ornamentales, exhibía en terno de baño su bella figura la adolescente guayaquileña Toty Rodríguez, quien pasaba sus vacaciones en nuestra tierra; pues su padre Francisco, era otavaleño. Ante semejante presencia, nosotros simplemente quedamos absortos. Desde ahí, somos boquiabiertos.

3) Los huertos familiares de algunas propiedades de Otavalo tenían árboles de durazno que ya maduros no escaparon del robo acostumbrado.

4) Con mis amigos de la jorga de Otavalo “la cosa era diferente”. El “Turco” Alfredo Ariss tenía unos enormes perros que tenían la mala fama de ser muy bravos. Entre los amigos, mientras caminábamos tranquilamente, Marco Tehanga acostumbraba agarrar fuertemente del empeine del amigo que estuviera adelante, el afectado reclamaba y el autor de la broma decía: 
-Soy el perro de don Ariss!
Hasta que un día le hizo esta travesura a Galo Guevara y el se regresó y le dio una patada. El afectado repitió: 
-Soy el perro de don Ariss!
Galo le contestó: 
-En cambio, yo soy don Ariss!

5) Con Wilson Jaramillo y otros amigos, una noche emprendimos una travesura juvenil. Cambiamos los letreros de los negocios, almacenes y talleres de la ciudad, armándose una confusión y una sorpresa agridulce en los propietarios, a la mañana siguiente.

6) Alvaro San Félix acostumbraba realizar el montaje de obras de teatro para mantener la vigencia de Radio Otavalo. El montaje teatral más significativo fue el de las tres funciones en matiné, especial y noche de “La Pasión de Cristo”. Héctor Paredes, el “Camba” era el encargado de los efectos sonoros y por tanto, necesitaba el sonido del canto del gallo. Era casi imposible eso hasta que Jorge el “Flaco” Cifuentes dice:
-Yo pues, y quieres con aleteo o sin aleteo?

7) Un día la jorga de amigos se nos ocurrió la idea que todos estábamos imaginariamente dentro de un bus, había el chofer, la primera fila y atrás, las siguientes filas de pasajeros y así recorrimos por los espacios posibles del Parque Bolívar de nuestra tierra, ventajosamente, nunca salíamos del perímetro del parque.

La jorga de amigos de Otavalo. De izquierda a derecha, de atrás hacia adelante: Vicente Larrea, Álvaro San Félix, Jaime Cisneros, Plutarco Cisneros, Héctor Paredes M., Alfonso Cabascango, Anibal Ortega, Marcelo Valdospinos, Efrén Andrade, Jorge Barahona, Cesar Pavón, Edwin Rivadeneira, Guillermo Pinto, Jorge Cifuentes y César Chicaiza.
Foto © Edwin Rivadeneira.

8) César Barahona, más conocido como el “Oso Márgaro” o el “Indio Guamote” era conocedor de una estraña costumbre de mi tío Carlos Rivadeneira y era que él, teniendo el respectivo baño, salía exactamente a media noche a orinar en la calle. Una noche, con César y con Wilson Jaramillo, los tres esperábamos que a las 12 de la noche saliera mi tío. Nosotros, en la esquina, con un cigarrillo encendido y un volador en la superficie de la vereda, listo. Salió mi tío en pijamas y el volador emprendió su recorrido a la otra esquina y él se metió inmediatamente y lleno de susto. Nunca supo que su sobrino era parte de esta travesura.

9) Un sastre estaba retrasado en entregar una obra encomendada. El cliente al preguntar por el trabajo de su terno, él le explicó: “Está solo de cortar y pegar los botones…”

10) Jorge, el “Flaco” Cifuentes era el torero en la jorga, pero una noche, Efrén Andrade, el más serio del grupo, decidió hacer de “matador”. Ante la supuesta buena faena taurina le alzamos en hombros al grito de “torero, torero!” y sin pensarlo, lo lanzamos a la pileta del centro del Parque Bolívar, en plena noche helada.

11) Uno de la jorga, estando en Quito, tenía dos guapas enamoradas en Otavalo, las escribía y después que las dos le contestaran, él volvía a escribirles, hasta que no le contestaron. Ambas le mandaron al diablo. Había puesto equivocadamente la carta de la una en el sobre de la otra y viceversa!

12) El “Flaco” Cifuentes, con traje de luces, llegó a torear en la Plaza de Iñaquito, pero se le perdió o le robaron el capote. Nosotros le ofrecimos “dar capote” y lo cumplimos!

13) Mi mamá, en algunas cosas, era ingenua. Una mañana, en Otavalo, regresando del mercado y en la calle Rocafuerte, de la Funeraria Unda, unos indígenas sacaban un ataúd color celeste con filos plateados hacia una camioneta. Mi mamá me pregunta qué color prefiero y yo le contesto que el color celeste con filos plateados  y la reacción de ella, fue: “Qué gusto el tuyo, porque yo pienso comprarte un calentador”.

14) Arturo Mena, el prestigioso intérprete de la flauta era mi compadre. Un día, le conversé de algún asunto, agregando “…y me hice el pendejo”. Su inmediata reacción fue:
-Ah, noo, hasta la cara le acompaña.

15) Yo realizaba un mural en honor al compositor otavaleño Guillermo Garzón Ubidia en un sitio muy próximo a la Fuente de Punyaro y mi ayudante era Alejandro Castro, más conocido como “El ñañín” quien pintaba casas “a domicilio”. 

Pablo Pareja subía o bajaba por ahí ya que vivía en la cercanía y ahí soltó algo del humor de mi tierra:
-Qué buen ayudante que se ha conseguido…”El ñañín!”

16) Al doctor Gustavo Alfredo Jácome le visitaba con cierta frecuencia en su casa, en Quito, para disfrutar de su muy amena conversación y un día nos encontramos en Otavalo y también se dio la acostumbrada charla. Al despedirnos, se me acerca un joven y me dice:
El doctor Jácome conversa…sin faltas de ortografía!

17) En una muy amplia reunión, un amigo le dice a otro:
-Mira al frente, esa vieja con bigote.
Y el otro le contesta:
-Callá, si es mi mamá!
Y la inmediata respuesta:
-Pero qué bien le queda!

18) En Otavalo, Raúl “Pecho” Jaramillo le debía de la hechura de un terno al sastre Luis Garrido y lógicamente evitaba pasar por esa calle, pero una amigo le llevó por ahí. Al verle pasar al deudor, le reclamó diciéndole:
-Vendrá por aquí, si no tendré que tomar otras medidas.
A lo que Raúl le contestó:
-Harásme nomás en las mismas.

COLEGIO CENTRAL TECNICO
19) Ya en la secundaria, en el Colegio Central Técnico del Estado, ubicado en el extremo occidental de la Avenida 24 de Mayo, todas, o casi todas las tardes, teníamos la práctica de Mecánica Industrial con nuestro querido profesor y dirigente Julio Galeas. Pero una tarde no llegaba él, así que decidimos ir al cine al cercano Teatro “Puerta del Sol. Al estar bajando, él subía y ante su pregunta, le dijimos que por ser el Día de las Naciones Unidas (?) no había clases. Le informamos que íbamos al cine; él nos acompañó e inclusive nos pagó las entradas. Al otro día, él era multado por no haber dado clases.

20) A los talleres de nuestra especialidad llegó un horno refractario para templar (endurecer) metales. Para estrenarlo, compramos un enorme pavo que lo adquirimos en el cercano Mercado de San Roque que después de adobarle, en el flamante horno se alistaba esa apetitosa ave. Inesperadamente llegó el Ministro de Educación y nuestro profesor, ignorando lo que hacíamos, al abrir la puerta del referido horno, tuvo que cerrarlo de inmediato, pues el olor denunciaba lo que había adentro.

21) Una mañana, cuando todos los estudiantes del Colegio estábamos formados, el Inspector General, Catón “Tobita” Alvarez nos elogiaba por estar correctamente formados, mientras los de otros cursos sonreían, no demoró quien nos ponía de ejemplo, en darse cuenta que estábamos puestos unos lentes (sin cristales) hechos de alambre de cobre, que lucíamos en nuestros rostros.

22) En esa época, los buses urbanos de Quito, quien cobraba a los pasajeros, era el ayudante del chofer, que recorría todo el interior. Nosotros, con nuestro presupuesto casi siempre escaso, ante el pedido de “pasajes, pasajes”, respondíamos “atrás paga” y la frase se repetía hasta cuando finalmente llegaba donde nuestro compañero Agileo Zamora, el alto, fornido y moreno esmeraldeño, a pesar de su buen carácter, su rostro, normalmente era de esos que se llaman “cara de muy pocos amigos” y acentuaba su rostro con un gesto de estar realmente bravo y así viajábamos en bus, casi siempre gratis.

23) El profesor de Mecánica Automotriz, Hernán Cruz, hombre muy jovial y que se llevaba bien con nosotros a pesar de  no tener ninguna relación de profesor-alumnos, por estar nosotros en otra especialidad, emprendió en una tarea en la que nosotros entramos a participar, era el armar un vehículo con partes usadas de otros. El resultado de todo esto fue algo que se parecía un enorme “jeep” descapotado, al que añadimos un segundo volante, que con una cadena era conectado al volante verdadero. Al ponerle en marcha este raro vehículo, hacía un ruido escandaloso, que a pesar de ser lento, le bautizamos el “Camberra” en alusión a los aviones jet que la FAE ya poseía. Con él y con su ruido, transitamos por las calles quiteñas, con el añadido susto de algunos transeúntes que no sabían para donde mismo iba a curvar, porque mientras el un chofer maniobraba para un lado, el otro lo hacía en sentido contrario. Claro que no llegamos muy lejos, aunque una ocasión avanzamos hasta el estadio Olímpico Atahualpa.

Los graduados en el Colegio Central Técnico del Estado: Bismark Cornejo, Carlos Arizala, Pablo Cisneros, Julio Balladares, el Vicerector Vidal Cajas, Bolívar Andrade, Jorge Naranjo, el Profesor de Mecánica Industrial y dirigente Julio Galeas, Gustavo Pérez, Edwin Rivadeneira, Oswaldo Álvarez y Clemente Márquez.
Foto © Edwin Rivadeneira.

GUILLERMO PINTO
Guillermo Pinto tiene el record en cuanto a bromas y circunstancias de buen humor se refieren. Aquí algunas de ellas.

24) Con Raúl Rengifo, en Cotacachi, se atrasaron al útimo bus a Otavalo. 
-Ahora, qué hacemos?
Vamos a buscar una casa donde haya fiesta.
Hallaron una casa, golpearon la puerta y preguntaron por el dueño de la casa, pero como les vieron un poco ebrios, les respondieron:
No, no está.
Entonces Guillermo dijo:
-Bueno, vamos a entrar a esperarle. Vos repartes el licor y yo me encargo de poner los discos.
Así, se adueñaron de la fiesta.

25) En la casa donde arrendaba una habitación en el sector central de Quito, Guillermo Pinto había olvidado las llaves adentro. Le tocó intentar entrar por una ventana, pasando por un borde delicado de ladrillos. Asomó la dueña de la casa y el siguiente diálogo se originó:
-Señor, no camine por ahí. Me va a romper esos ladrillos.
-No se preocupe, señora. si algo pasa, yo he de pagar.
– Que pagara siquiera el arriendo!

26) El “Flaco” Cifuentes salía de la Clínica y Guillermo Pinto era quien cuidaba del enfermo. El médico le recomendó que le diera comida liviana. Bien mandado, le daba algodón de azúcar.

27) Marcelo Valdospinos le dice a Guillermo: 
-Por qué estás triste, compadrito?
-Me invitan a un matrimonio y no tengo terno.
-El mío, pues!
Guillermo Pinto le mandó a achicar el terno.

28) Estaban reunidos algunos alrededor de una mesa, entre ellos Jorge el “Loco” Escobar, quien acostumbraba llevar libros bajo el brazo. Guillermo Pinto le hacía bromas hasta que el “Loco” perdió la paciencia y le dijo a Guillermo: 
-Crápula!
Le contestó:
-Hasta ir a consultar en el diccionario qué quiere decir “crápula”, vos, provisionalmente quedas de “hijo de …”.

29) En Otavalo estaba la arquitecta holandesa Tony Zwollo, empeñada en adelantar su tesis de grado sobre el proyecto de un mercado indígena en la Plaza Centenario. Adicionalmente esbozó un elemental Plan Regulador para la ciudad sin estar enterada que que ya estaba en camino uno, completo y definitivo. Como este tema de la holandesa salió en un dato de la prensa, Alejandro Silva tuvo la descabellada idea de que se debía construir un estadio en lo alto de Rey Loma y no se quedó allí, sino que me pidió que, como el Presidente del Municipio, Vicente Larrea era mi amigo, le solicitara una Sesión Ampliada del Municipio para que don Alex expusiera su “brillante idea”. Al comienzo, Vicente, lógicamente, se negó, pero le hice notar que las sesiones del Cabildo otavaleño, de vez en cuando debía dar lugar a la calenturienta imaginación de algún coterráneo. Así se hizo y los posteriores comentarios de esta “sugerencia”, corregidos y aumentados por Guillermo Pinto, fueron motivo de chacota en Otavalo por algunos días. El conversatorio quedó más o menos, así:
-¿Por qué un estadio en Rey Loma, don Alex?
Para que a la vez que ven el fútbol, vean el paisaje.
-Pero si ven el fútbol, ya no ven el paisaje”
-Es que los graderíos van a ser hacia afuera!
-Ah…, ¿Pero, y si patean muy fuerte el balón?
-Bueno, tanto en Otavalo como en la laguna estarán quienes lancen la bola hacia el estadio. El único inconveniente es que si el balón cae en la laguna, se moja y… bola mojada se vuelve pesada!

TRABAJO
30) En la época del IESS, salíamos en comisión de servicios a inaugurar el Seguro Social Campesino en diversos rincones del país. Héctor Estrella, el jefe de la oficina,cuando se despedía de su esposa, ella, triste, le decía: 
-Me da pena cuando te vas!
El contestaba:
-Y yo, cuando regreso!

31) Una ocasión, para inaugurar el servicio del Seguro Social Campesino en Chimborazo, se anunciaba la presencia del “Bombita”, General Guillermo Rodríguez Lara. Había que preparar pancartas para que los indígenas portaran. En una librería de Riobamba:
-Véndame 20 pliegos de cartulina.
-No hay, fue la contestación del dueño.
-Pero ahí tiene!

Surgió la respuesta:
-Y después qué vendo?

32) Jaime Moya, el excelente encargado de los efectos sonoros de Radio Quito también laboró en radio Nacional del Ecuador. Allí, una noche en que se iniciaba la bohemia, el radiotécnico de esa importante emisora estatal, “Catalejo” Peñaherrera, hermano de Blasco Peñaherrera, tenía unos lentes tan gruesos y a pesar de eso, la visión era limitada. Le pidió a Jaime Moya que si estaba dormido, le despertara a las 7:00 de la mañana porque tenía que realizar un trabajo impprtante. Jaime, en vez de cumplir con el encargo, le pintó de negro sus gruesos lentes. “Catalejo”, al despertarse temprano, como notando todo obscuro, siguió durmiendo plácidamente.

33) Cuando yo armaba las páginas de la revista humorística “la Bunga”, en las dependencias del diario El Comercio, se me acerca con cara de serio Alfonso Lasso Bermeo, quien en ese entonces era el Jefe de Redacción y me pregunta: 

– A usted le gusta dibujar?
Yo le contesté afirmativamente. El replicó:
-Y por qué no aprende?

Algunos de los integrantes de la Revista La Bunga: Jorge Ribadeneira, Carlos Jaramillo, Roque Maldonado, el Presidente de la República Otto Arosemena, Edwin Rivadeneira, José Alfredo Llerena, Fabián Garces, Asdrúbal de la Torre y Marco Ordóñez.
Foto © Edwin Rivadeneira.

34) Carlos Jaramillo, en otra ocasión me dijo: 
-Usted vale lo que pesa. Lástima que no pese mucho.

35) “La Bunga” era una excelente revista de humor especialmente político donde hasta la publicidad era en broma. Era la única revista donde si se leían los anuncios. Como el de una chica con un cigarrillo en la mano que decía: “Sentí el verdadero placer de una fumada perfecta cuando me cambié a…Fósforos “El Gallo”. O esa publicidad en que dos jirafas parecen una sola pero con dos cuellos y dos cabezas y que dicen: “Qué pena…solo somos DOBLE”, en cambio la madera de Plywood Ecuatoriana es TRIPLEX!”

36) Roque Maldonado viajó por un año a Francia y nos mandó una postal en la que contaba que lo que más le había impresionado allá era que hay muchas «boticas francesas» y en Quito solo hay una.

37) Cuando Roque, el excelente caricaturista y puntal de “La Bunga” cayó enfermo, nosotros preocupados por su salud y sería sometido a una operación, nos contó que los médicos no sabían si ponerle anestesia local…o internacional.

38) Velasco Ibarra, estando en el ejercicio del poder, estando en el habitual balcón de la población costeña conocida como “Boca de los sapos”, sus enfervorizados coidearios gritaban:

-Lo sapo con Velasco!

Y los que en ese balcón y acompañantes del mandatario se sentían aludidos, el presidente, el pleno discurso pidió que se modifique el grito con “El Triunfo con Velasco”. Desde ahí cambió el nombre de ese recinto por la actual denominación.

Algunos de los integrantes de «La Bunga» : Marco Ordóñez, Roque Maldonado, César Larrea, Gabriel Garcés, Edwin Rivadeneira, Enrique Echeverría, Nelson Dávila, Gualberto Montalvo, Jorge Mantilla Jarrín, y las señoras, en la «inauguración oficial» del puente sobre el río Chiche, en la Vía Interoceánica.
Foto © Edwin Rivadeneira.

39) Enrique Proaño, un periodista de “El Comercio” era el encargado de cubrir los desplazamientos del primer mandatario, Velasco Ibarra, desde luego, desde un balcón, en uno de sus encendidos discursos dijo: “Sois la esperanza de la Patria!” Y el referido periodista envió un telegrama con el texto así. Nunca se supo cuando ese texto fue alterado y la crónica se publicó con “Soy la esperanza de la patria”. El mandatario entró en justificada cólera contra el matutino. Nosotros, los de la “Bunga” para referirnos a Velasco Ibarra, nos dimos en llamarle “Zoila Esperanza”. Peor!

40) El otavaleño Enrique Garcés, conocido como el “Loco Garcés” viajaba en el mismo avión que Velasco Ibarra. El mandatario le dice: 
-Doctor Garcés, permítame una palabra.
Le contestó:
-Dígame excelentísimo señor.
-Se que a usted también le dicen “loco”
La respuesta fue:
-Si, pero yo no ejerzo.

Anuncio de la Fiesta del Yamor 1967 en la Revista «La Bunga».
Foto © Edwin Rivadeneira.

41) En Galápagos también se inauguró un dispensario médico en San Cristóbal; asistieron ministros y jefes militares. En la Isla Santa Cruz, toda esa numerosa delegación se encontraba en la vivienda de uno de los alemanes de apellido Angermeyer quien tenía la costumbre de brindarles desayuno, almuerzo y merienda a una gran cantidad de iguanas marinas que se adherían en paredes y cielo rasos de la enorme habitación donde nos encontrábamos nerviosos, quienes prestábamos atención a las explicaciones del alemán. Delante mío, se encontraba una amiga mía y delante de ella, los ministros y jefes militares. Le agarré del empeine de ella y su reacción fue de una patada a quien se encontraba delante!

Anuncio de la Fiesta del Yamor 1968 en la Revista «La Bunga».
Foto © Edwin Rivadeneira.

42) Otra ocasión, también en Galápagos, estábamos en una embarcación, Holguer Velástegui, algunos amigos y Nicanor Calazacón, con su esposa. Al nivel de nuestra vista estaba el nivel del agua y pasaban junto a nosotros, tortugas, mantarrayas y tiburones. A pesar que nos explicaban que los tiburones no atacan porque en Galápagos están bien alimentados, pero nuestro temor estaba intacto. No faltó algún bromista que opinaba que si nos volteábamos, los tiburones han de preferir al Nicanor… porque él ya está sazonado!

43) En el diario EL TIEMPO, el economista Alomía era el Gerente. Sufría de una muy visible caspa en su cabello. Un día le dice al Director del diario, Eduardo Granda: 
-Don Eduardo, ya solucioné mi problema de la caspa.
Su amigo le preguntó:
-¿Cuál fue la solución?
-Ahora uso saco gris y ya no se nota!

44) Raúl “Negro” Amores era la esencia de la “sal quiteña” y con el tenía la intención de elaborar un libro, la biografía de él, pero no llegó a concretarse. El Inicio era así:
-Soy de la clase media baja, porque de la clase baja era el “Omoto” Samaniego, el “Omoto” Pesántez el “Grandote” Borja y así. 

45) Don César Larrea,  el creador de las Fiestas de Quito, era el coordinador del diario EL COMERCIO y una ocasión que se chumó antes que los otros, repetía:
-Yo ca, macho soy!
Al otro día, le saludaban atentamente:
-Buenos días, señor Camacho!

46) En otra ocasión, él tenía en  sus manos un vaso largo de whyski, llenos hasta media altura y su esposa le observa:
-Eso te vas a tomar?
Y el le contestó:
-Hijita, que culpa tengo si no llenan!

47) En otra ocasión, los periodistas le piden que les reciban en su casa para tocar el piano y el les dice que no es posible porque están de duelo. Pero ante tanta insistencia, acepta. Ya en su casa, en un descuido, uno de ellos se puso a tocar el piano, don César pidió que no lo hicieran y Carlos Saona, más conocido como el “Blanquiño” le respondió al dueño de la casa:
-Pero solo estoy tocando las teclas negras!

48) En el mismo diario EL COMERCIO, en la calle Chile, dos periodistas amigos, el uno era el Jefe de redacción y el otro era el periodista. 
-Ve, a esta hora será de venir.
Y el otro le contesta:
-Mi esposa ya una semana que está sin “voz”.
El otro replica:
-Dirásle que me disculpe, ya he de ir a verle.

49) Cuando yo laboraba en el INFA en mi última etapa, antes de jubilarme, donde había una mayoría de compañeras y muy guapas, un día llegó desde Manabí un paquete pequeño muy bien elaborado con hoja de plátano y asegurado con hilo. Yo no estaba en mi sitio de trabajo, al regresar, el paquete había sido abierto y su contenido ya no estaba completo, se notaba que lo habían mordido y saboreado por las curiosas compañeras. ¡Era jabón negro!

50) Después de algunos años regresé a Patate donde había sido directivo del Colegio de esa localidad. Fui a la casa donde había mi habitación, en la tienda que era el ingreso de esa casa, todas las estanterías estaban repletas de las clásicas arepas de dulce, elaboradas de harina de achira. Golpeé y salió la dueña, Beatriz Cepeda que no me reconoció, yo con aparente inocencia pregunté:

-¿Tiene arepas?
Y ella, un poco molesta me contestó:
No ve que solo eso hay!
Y al mirarme fijamente, me reconoció y añadió:
-Tenía que ser el Edwin!

51) Para rematar este resumen de buen humor, sabían que a los otavaleños nos dicen extraterrestres, porque si se  encuentran en Quito, la pregunta frecuente es:
-No has bajado a la tierra?


Fuente: Rivadeneira, Edwin. Comunicación personal, 2 de febrero de 2022.