La fiesta de San Juan: un sincretismo cultural
Escrito por Marcelo Valdospinos Rubio
Tamborileando plegarias
Cómo se debe denominar: Inti Raymi o fiesta de San Juan? Indistintamente, con cualquiera de estas dos definiciones. ¿Por qué? Somos partes de una geografía regional donde se asientan culturas diversas. Lo nativo -carangue- y lo hispano, con un pequeño intervalo inca, constituye el recorrido histórico de identidades y mestizajes. Descubrir de dónde venimos, quiénes somos, es un reto, pero al mismo tiempo una tarea grata. Que hay que hacerlo con seriedad, sin adulteraciones.
El Inti Raymi o San Juan es una festividad ligada a las cosechas agrícolas. Profundamente intercultural y vigente en los sectores indio y mestizo. Carlos Alberto Coba, en un estudio corto, didáctico, con gran precisión conceptual, nos refleja la simbología de esta celebración de tanto significado para los imbabureños. Existen tres componentes etnoculturales en la fiesta de San Juan: Primero, la cultura preincásica aporta con la sacralización de elementos de la naturaleza -como el agua- prácticas rituales y culto al sol. Brota espontánea la gratitud a la madre tierra -allpa mama- por haber asegurado el éxito de la recolección. Está presente la imagen de un líder que recoge la energía de la naturaleza: Aya- huma. Los danzantes, tamborillando a la tierra, y el sacrificio del gallocapitán. La segunda, la incásica, con una participación social, económica, religiosa, política y lingüística. Aquí vale la pena precisar que el culto heliolátrico -adoración al sol- en la sierra norte del Ecuador, a la manera inca, no tuvo difusión masiva. Porque los incas se creían hijos y -a la vez- parte del sol, que además-era su centro de gobierno. Los carangues tenían en el sol a su dios y padre. Espinosa Soriano precisa ‘En junio los incas celebran el aucaycusqui, mes de la gran fiesta del intirraimi, en honor del dios sol. Y la tercera, lo hispánico, que igualmente contribuye con elementos materiales, espirituales y lingüísticos. Misa y procesión en honor a San Juan Bautista. La banda de pueblo con instrumentos de origen europeo. La organización de la fiesta, que se inicia con un baño sagrado, se somete a la estructura orgánica de la hacienda: cuadrilla, mayoral, mayordomo, capitán, estanquero, etc.
Según San Félix: ‘La danza es intermitente y la marcan las flautas, rondadores, pingullos, guitarra y tambores, en un ritmo monocorde sacudido por el repentino sonido de caracoles andinos y cuernos de toro. Zapateando el piso en hilera, corretean como serpientes. Concluyendo, en algunos lugares, con la toma de la plaza, tras un enfrentamiento sangriento, acto que poco a poco afortunadamente- va extinguiéndose.
Festividad que, con hondo sincretismo cultural, por igual venera al sol, al agua, a la cosecha, a los castillos, a Dios, a San Juan Bautista. Y la copla surge rítmica, con picardía: ‘La cebada cuando nace/ nace hojita por hojita/así nació nuestro amor/ palabras por palabritas. ‘Cuchara de palo para mi marido/ cuchara de fierro para mi querido/ morocho con leche para mi marido/ morocho sin leche para mi querido. ‘Jala jala jala….
El sincretismo religioso
La fiesta religiosa en los campesinos mestizos e indios es multicolor, sonora y devota. Devoción que se expresa en la alegría. Las costumbres se vuelven ritos y perduran mientras las sociedades los mantienen vigentes. La fiesta religiosa es celebración, algarabía y búsqueda de liberación. La fe en Dios y en los santos y santas católicos es credulidad que da sentido a la existencia. Todo un acontecimiento en las comunidades. En la serranía, el festejo es diferente al de la costa y oriente. Y distantes del regocijo de los católicos de clase alta. La fiesta religiosa es también un camino de emancipación y rebelión contra la soledad. Hecho socio-cultural que genera un estatus social en su interior.
La fiesta religiosa es polifonía de ritmos. Las imágenes religiosas no compiten, no son alternativas, son sendas que conducen a Dios. En ella se ora, se baila, se canta, se come, se bebe y se estrena vestidos. En estas fiestas religiosas hay mucho de católico y mucho de idolatría y se mantienen vigentes por la acción del sincretismo y la interculturalidad. Mariátegui estuvo convencido que el paganismo aborigen subsiste bajo el culto católico. La festividad del yamor -mestiza- nació alrededor de la Virgen de Monserrate. La Mama Negra, de la Virgen de las Mercedes. La Virgen del Quinche y del Cisne -la Churona- en Loja convocan a procesiones impresionantes, la Jesús del Gran Poder en Quito, etc. Esposamiento de la fe y la tradición.
La fiesta religiosa es parte de la religiosidad popular, expresión de fe católica pero matizada con prácticas paganas. Sinónimo de religiosidad popular sería catolicismo del pueblo, reflejando así una iglesia comprometida con la esencia popular, sus sueños y angustias. Más que teoría evangélica son prácticas orales de fe: procesiones, rosarios de la aurora, novenas, matrimonios, bautizos y días especiales de santos y santas. El pueblo participa de festivales masivos, viva expresión de creencias y ritos. Este hecho católico. identifica y define la idiosincrasia latinoamericana, con pueblos teñidos de magia, drama y cultos politeístas. El pueblo se prepara con tiempo para la fiesta. El campesinado, dueño de la ruralidad trabaja todo el año para celebrar varios días. Con razón el pueblo mexicano dice que la fiesta es nuestro único lujo. Festividad solidaria, contrasta con las masas modernas que son aglomeraciones de silencios.
Por ello el tema fue tratado por los obispos en Medellín, 1971. Luego en Bogotá, 1976. Estas reuniones categorizaron que la religiosidad popular se refiere a las sectas más oprimidas y pobres de la sociedad. Pero igual ha sido estudiada desde la antropología cultural, como un compromiso con la pluri e interculturalidad.
“Tenemos oraciones en las que junto a Jesús del Gran Poder se invoca al padre Imbabura. Este culto a montes y piedras parece que de alguna manera sigue vigente la fe en las huacas, enfatiza el padre Marco Vinicio Rueda.
En Imbabura el ciclo religioso es fecunda. Además de la peregrinación, la devoción, el festejo, surge la leyenda. Identidad cultural que nos define.
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Valdospinos Rubio, Marcelo. “La fiesta de San Juan: un sincretismo cultural”. Foto © 2015 Prefectura de Imbabura.
