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Presentamos a don Marcelo Tabango, un otavaleño que se radicó tempranamente en Quito. Comparte algunas de las historias de su familia: la de su tío Avicinio Paredes, seleccionado nacional del Ecuador y, la de su abuelito, don Salomón Tabango. Realizó una tarea formidable para rastrear el árbol genealógico de su familia.

Marcelo Tabango Suárez nació en Otavalo en y sus padres fueron don Angel Salomón Tabango Chávez y doña María Luisa Suárez Paredes. La casa de su familia estaba ubicada en las calles Mejía y Roca, al de la familia de Aníbal Buitrón. Los vecinos del barrio eran las familias Buitrón, Orbe, Echeverría, Carrillo. En el mismo sector funcionaba la tienda de bicicletas del señor Viñachi. El padre de Marcelo Tabango  tenía una pequeña tienda en el barrio, su mamá tenía una pequeña panadería.

Estudió en la Escuela Católica Ulpiano Pérez Quiñones. Algunos amigos de esta época que recuerda son Adrián Carrillo, Waldo Andrade, Mauro Carrillo, Miguel Valdospinos,  Néstor “Cabezón” Valdospinos y Lucho Nicolalde.

Estudió en el Colegio Nacional Otavalo cuando funcionaba detrás de la Sociedad Artística. En su segundo año, se decidió trasladar el colegio al antiguo local de la “Colonia Santa Rosa”. Los estudiantes acudieron en grupos a hacer minga para adecentar el local, quitar las chambas, pintar las aulas. El traslado de las bancas y sillas fue otra tarea que la completaron en algunos días. Algunos de sus profesores fueron el señor Mancheno, doña Alicia Jarrín, Aníbal Bonilla, Paco Páez, Gabriel “Pajuí” Rojas, Guillermo Castro, señor Cabascango (cerrajería), señor Carrillo (padre de “Cuqui” Carrillo), doctor Rubio, Galo Echeverría, Gustavo Chauvin.

Foto © Marcelo Tabango.

Algunos de sus compañeros fueron Roberto Faz, Iván Aguilar, Tito Herrera, “Negro” Vaca (Quichinche),  Edgar “El cura” Beltrán, Francisco Cisneros (cuñado de Paco Páez), Rommel Sanchez, “Conejo” Encalada. Por esta época, el colegio Vicente Fray Vicente Solano cerró sus puertas y muchos de los estudiantes vinieron al colegio Otavalo, entre ellos Edgar Rodriguez y Raúl Salvador.

Recuerda que para ir al Colegio había que rodear el Estadio Municipal, pero al regreso, algunos estudiantes tomaban una vía alterna para cruzar el río Machángara donde no había puente sino un palo de madera.

Foto © Marcelo Tabango.
La foto fue tomada en Baños, durante el viaje escolar al Puyo.

El coche de madera
Había las carreras de coches de madera en la cuesta de Imbaya que tenían mucha acogida entre la gente. A la entrada al cementerio había una mecánica del señor Pastor, valiéndose de esta amistad y de la cercanía al taller de carpintería del señor Pedro Pareja, Marcelo y sus amigos armaron un coche de madera con la novedad que para las llantas usaron rulimanes de acero, lo que le proporcionaba más rapidez en comparación con los otros coches. Armaron el coche cerca de la casa del señor Paco Páez, papá del profesor del mismo nombre.

Con el coche listo, el único problema era subir la cuesta de Imbaya hasta la hacienda del señor Agucho Rodríguez. Allí cerca estaban las haciendas de la familia Estrada y de la familia Benítez. Desde ahí bajaban los bólidos con la intención de llegar en una sola pieza hasta el cementerio. Los amigos se ofrecían a ayudar a subir el coche con la condición de que les dejara manejar.

Marcelo, que era llamado “Salo” por sus amigos, guardaba celosamente el coche en casa. Un día llegaron sus amigos a buscarle pero Marcelo no estaba en casa y abrió la puerta la mamá.

-A quién buscan?
-Al “Salo”.
La mamá, desde la puerta , grita hacia adentro:
-“Salo”, te buscan!
Pero salió don Salomón, quien también era llamado “Salo”.
-Venimos a buscar al “Salo” para irnos a Imbabuela con el coche de madera.
La mamá preguntó curiosa:
-Cuál coche de madera?

Y se descubrió el secreto. El coche que estaba bien pintado y listo para las competencias fue hallado y destinado enseguida a ser leña del horno de pan. Debido a esta circunstancia,  los sueños de Marcelo de ser un piloto de Fórmula 1 quedaron reducidos a cenizas, literalmente.

Foto © Marcelo Tabango. Sus compañeros del colegio.

El Mundial de Inglaterra
Ecuador aún no tenía suficiente cobertura para la emisión de programas de televisión. En el volcán Chiles, en la frontera de Colombia y Ecuador, había una antena repetidora de un canal de televisión de Colombia. Gracias a esta circunstancia geográfica, los partidos del mundial de fútbol se los podía ver desde Quichinche. Entonces los buses de la Cooperativa 8 de Septiembre, en vez de anunciar: “A Quichinche, a Quichinche!”, anunciaban, “Al mundial, al mundial!”.  Junto con Jorge Donoso, Marcelo Orozco, Rommel Ruiz y Marco Moreno vieron la oportunidad de un negocio y se dedicaron a confeccionar antenas de televisión manuales para sintonizar los canales de televisión. 

¿Cómo eran los días de colegiales?
Había una billería cerca del parque que pertenecía al club México. Se jugaba, cartas, parchees. El billar de tres bandas era más técnico y ahí practicaban Raúl Rosales y Carlos Maya, el hermano del profesor Raúl Maya. Detrás había un pequeño bar que era atendido por un señor Coba donde se vendían colas y sánduches.

Los días jueves era día de la retreta de la Banda Municipal. Los días viernes iban al Teatro Apolo a ver las películas mexicanas de lucha libre. El clásico encuentro entre “El Santo” y “Blue Demon” era muy popular. Este género de películas fue ganando adeptos tanto que los indígenas empezaron a copar los graderíos para mirar la función. Desgraciadamente la influencia fue tal que empezaron a aparecer en las fiestas de San Juan los bailadores con máscaras de los luchadores que se veían en el teatro.

Las vacaciones de Semana Santa eran aprovechadas para hacer caminatas a Mojanda, al Imbabura o al Cotacachi. Nos cuenta una historia única sucedida en uno de esos paseos.

El rayo
En el año 1967, cuando tenía 17 años, Rommel Ruiz los había invitado a hacer un paseo que consistía en ir al Cotacachi, bajar a Cuicocha, dormir allí  y regresar al día siguiente. Los que se anotaron fueron Byron Guerra, Efrén Hidrobo, Jorge “Santuario” Donoso, Rommel Ruiz, Gonzalo Nicolalde y Marcelo Tabango. Eran jóvenes y para ellos nada era imposible. Tomaron un bus hasta Achupallas y desde ahí se internaron en la montaña bajo la dirección de Rommel. Mientras ascendían, el aire se enrareció, vino una neblina que anunciaba lluvia y cuando buscaron una voz firme que indique el camino, escucharon de Rommel decir: “Creo que estamos perdidos…”. 

Iban protegidos con los ponchos de agua y en un momento alguien hizo esperar pues deseaba orinar. Molestos, el resto de miembros decidió hacer lo mismo…entonces, ocurrió una experiencia que los hizo valorar la fragilidad de la vida humana: un rayo cayó a unos metros delante de ellos. Sintieron las ondas eléctricas pasar bajo sus pies. La luz desapareció instantáneamente al igual que el estruendo sonoro. Si en vez de descansar hubiesen caminado, el rayo habría caído directamente sobre ellos y los habría fulminado. Si estaban perdidos, ahora tenía razones para encontrar el camino de regreso pronto. Afortunadamente, el viento desplazó la neblina por un rato y pudieron divisar un bus abajo. No estaban del todo perdidos pero si muy espantados.

El día de la graduación, Colegio Nacional Otavalo. Promoción 1971.
izquierda a derecha. Parados: Manuel López, Marcelo Orozco, Agustín Rodríguez, Jorge Donoso, Jorge Lara, Sixto Pinto, Gonzalo Rodríguez, Luis Pérez, Marco Mena, Edison Paredes, Germánico Cadena, Rommel Ruiz, Byron Buitrón.
Agachados: César Vaca, Ramiro Gómez, Amari Galeano, Marco Orbe, Gustavo Vaca, Marcelo Pabón, Edwin Chávez, Sixto Carrillo.
Foto © Marcelo Tabango.
Foto © Marcelo Tabango.
Promoción 1971, Colegio Nacional Otavalo.

En Quito
Después de graduarse, fue a Quito a estudiar en la Universidad Central. Como estudiante, venía a Otavalo los sábados y regresaba a Quito los domingos en la tarde. Recuerda que el viaje en bus duraba cinco horas y media de viaje por la carretera empedrada. Habia un descanso en Guayllabamba donde se bajaban los pasajeros a comer.

Sus inicios en la capital no fueron nada fáciles y por un tiempo trabajó como distribuidor de los libros Salvat. Egresó de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Central del Ecuador. Ingresó a trabajar en la Secretaria Nacional de Información en 1975 y laboró ahí hasta 1994. 

En julio de 2021, la promoción del año 1971 celebraron el quinquagésimo  aniversario de la graduación.

Está casado, vive en Quito, tiene tres hijos.

Foto © 2019 Marcelo Tabango está a la derecha.

Arbol geneálogico de la familia
Don Marcelo Tabango emprendió la tarea de organizar la familia que data tres generaciones atrás. Ponemos un esquema. Donde falta el nombre significa que no hay rastro de la persona.

Marcelo Tabango. Arbol geneálogico, lado materno.
Marcelo Tabango. Arbol geneálogico, lado paterno.

El nos cuenta cómo ocurrió la elaboración de este diagrama. No fue fácil, implicó muchas llamadas a familiares y en el transcurso de las llamadas, descubrió primos.

Foto © Marcelo Tabango.
Sentados, los esposos doña Rosario Proaño y don José Ignacio Paredes. Detrás, la hija Isabel Paredes Proaño y los esposos Luis Narváez y Juana Paredes Proaño.

LA GRAN AVENTURA DE BUSCAR LOS NOMBRES DE LAS FAMILIAS ANCESTRALES, QUE SE UNIERON DANDO INICIO A GRUPOS ETNICOS QUE HICIERON HISTORIA EN LA CIUDAD DE OTAVALO.
Esta historia inicia con el nacimiento de mi querida madre María Luisa Suárez Paredes, hija de Alejandro Suárez Méndez 1895, de la parroquia de Eugenio Espejo (Calpaqui), con parientes director como Antonio Méndez Suárez, familia Suárez Obando, familias Jaramillo Suárez, familias Puente Jaramillo, familias Silva y otras familias más, que conforman hasta la presente un grupo familiar muy grande de la parroquia de Eugenio Espejo.

El matrimonio fue con mi abuelita María Teresa Paredes, que conformaban una familia de hermanas como María Juana, Rosa María, María Isabel y un hermano José Antonio Paredes Proaño, vecinos de las calles Mejía y Roca del barrio San Blas en Otavalo.

De muy pequeño inicié la búsqueda de información de los ancestros de mi familia, tanto de mi padre como el de mi madre, mi madre me supo informar que mi abuelo materno Alejandro Suárez Méndez, había fallecido cuando ella tenía solo tres años de nacida y allí se terminó los lazos de familiaridad con los parientes de Eugenio Espejo y mi abuelita Teresa Paredes se quedó viuda.

Cuando estaba estudiando en la escuela, un día pasaba por la calle don Leonardo Suárez, casado con la Sra. Piedad Paredes, que vivían en la calle Mejía y Bolívar vecino del barrio, saludó muy atentamente con mi madre y me supo informar que Don Leonardo era primo propio de mi madre, porque era parte de la familia en la parroquia de Eugenio Espejo, en mi época de estudiante del colegio Nacional Otavalo, fui compañero de Ramiro Suárez Obando, Romeo Puente Jaramillo, Carlos Jaramillo, Manuel Jaramillo Pastor, Marco Méndez Pazmiño, Edison Jaramillo Miño, además conocí a Piedad Suárez Obando familia directa y gran amiga de mi hermana Martha, conocía a Rodrigo Jaramillo Suárez, Carlos y …..Puente que tenían una gran amistad con mi padre Salomón Tabango Chávez, que fue Teniente Político de Eugenio Espejo y conoció a todas las familias allegadas y parientes de mi abuelo materno. Pero no pude hablar con ellos de mi parentesco familiar.

Debo informar que de esta investigación de las raíces familiares ya me había olvidado, porque ya han pasado como 50 años de vida, la mayoría de familiares ya son fallecidos y fue difícil recabar información, con el encierro obligado por la pandemia del covid19, salto la idea de investigar en forma más profunda las raíces familiares.

Con la nueva tecnología de las comunicaciones vía celular, inicié contactos con buenos amigos de la infancia y del colegio, un contacto crucial fue con un gran amigo Manuel Jaramillo Pastor, que vive en Barcelona España, amigo del barrio, compañero de la Escuela Ulpiano Pérez Quiñones y compañero en el Colegio Nacional Otavalo, las reuniones y conversaciones me dieron muchas pautas de las amistades que tanto Manuel y mis familias en Eugenio Espejo tenía, las conversaciones y los nuevos contactos, como mi gran amigo de colegio Edwin Romeo Puente Jaramillo, que a los más de 50 años me pude comunicar, fue una ayuda muy provechosa, con datos e información, por cuanto Romeo vive en Eugenio Espejo y conoce a todas las familias antiguas y actuales, en verdad es una enciclopedia en recordar los grupos familiares que unen a la familia de mi abuelo. Por contactos con buenos amigos y amigas y vecinas del barrio, pude tener conversación con Piedad Suárez Obando, hija de don Luis Suárez y doña Marianita Obando, familiares directos de mi abuelo.

Como el mejor recuerdo de esta linda historia como un otavaleño de pura cepa, pongo la mejor nota de mi vida, el recuerdo de mi padre Angel Salomón Tabango Chávez, un gran ser y caballero que le quería a su ciudad con toda el alma, un trabajador incansable, miembro y representante de los barrios en la liga barrial deportiva, político y gran amigo de don Víctor Alejandro Jaramillo, Senador de la República por la provincia de Imbabura, fue teniente político de la parroquia rural de Eugenio Espejo, organizador de las fiestas tradicionales y las fiestas del Yamor, impulsador de organizaciones de beneficios en los barrios, co-fundador del grupo de trabajadores del Centro Paz y Trabajo, funcionario responsable en el Municipio de Otavalo, amigo de una gran cantidad de personas de su época y otras generaciones más jóvenes, con gran orgullo: quién no le conocía a DON SALOMON TABANGO CHAVEZ en la ciudad de Otavalo?.


Fuente: Tabango, Marcelo. Comunicación personal, 6 de septiembre de 2021.