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Cuando Juan Gabriel visitó nuestro hermoso valle

𝐸𝑠𝑐𝑟𝑖𝑡𝑜 𝑝𝑜𝑟 𝐽𝑎𝑖𝑚𝑒 𝑁𝑢́𝑛̃𝑒𝑧 𝐺𝑎𝑟𝑐𝑒́𝑠

Tras el inesperado y sorpresivo deceso del gran “divo de Juárez”, acaecido en la mañana del 28 de agosto del 2016, el impacto mediático consecuente ha sido tal que la prensa desde sus diferentes fuentes, persiste en proporcionarnos información real o en algunos casos imaginaria, esta última, cuando afirman que está vivito y coleando o que no estaba muerto… andaba de parranda.

A excepción de Rosa y Pablo (quinto hijo, único sobreviviente del matrimonio formado por los campesinos Gabriel Aguilera y Victoria Valadez), todos los hermanos han fallecido por infarto: Virginia, José, Guadalupe, Gabriel, Miguel; tres a quienes pusieron por nombre Rafael, también han muerto; a Victoria, la madre, también le falló el corazón. Alberto, el último vástago, permanecerá por siempre en la memoria de sus seguidores a través de las múltiples canciones que él creó.

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Una historia de emigrantes

Autor: Jaime Núñez Garcés

En su oficio inextinguible de crear situaciones para tejer historias, el destino quizá no intuye que una vez consolidadas, algunas resultarán curiosas e interesantes. Como suele ocurrir, las disimilitudes confluyen, urdiendo circunstancialmente los hilos del tramado anecdótico. De ese tejido resultante… esta muestra auténtica.

Durante décadas una laboriosidad atávica ha caracterizado a los pobladores de Peguche, labriegos persistentes y artesanos hábiles que han ido legando su quehacer generación tras generación. Tal es el caso de Segundo Lema, ahora octogenario, quien con sus hijos Segundo y José, acostumbraba viajar hasta Quito para vender ponchos cardados, chales, chalinas y bufandas, mientras los años sesenta crecían apacibles. La artesanía elaborada con lana pura en telares manuales tenía buena acogida, el Cuerpo de Paz, las inmediaciones del hotel Quito y el Colegio Americano, eran los sitios estratégicos de expendio. Como la jornada laboral duraba cinco días, fue indispensable arrendar un cuarto pequeño por el sector del Cumandá. A la placidez que el entorno hogareño ofrecía, retornaban los fines de semana.

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Rosa Elena Tena Flores

ROSA ELENA TENA FLORES

Semblanza de una gran mujer
Autora: Nuria Rengifo Dávila 

La mujer fuerte, sabia y trabajadora deja un legado positivo para siete generaciones de su familia.
Proverbio celta.

La familia Dávila Tena y sus descendientes tenemos la suerte de pertenecer a las generaciones que han recibido la influencia de una gran mujer: Rosa Elena Tena Flores  quien dejó un legado de fortaleza que nos mantiene unidos con un férreo lazo de tradición familiar.  

Lo anterior se traduce en acontecimientos y anécdotas así como en costumbres implantadas por mi abuela materna, entre las cuales sobresale la reunión semanal que se realiza de forma itinerante en casa de sus hijos y que, con el buen humor propio de la familia se ha denominado “El café de las Dávila”, evento familiar que justamente este año cumple su aniversario número 30.

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Nunca me fui de Otavalo

Una voz dulce se desprende de Dorys Rueda mientras narra su niñez en la ciudad de Otavalo. Con nostalgia recuerda que su querida ciudad fue la cuna donde se inició en la lectura. Sus padres Ángel Rueda, otavaleño y su madre María Angelita Rodríguez, quiteña, llenaron su mundo infantil con leyendas de las dos ciudades, algo que marcó la vida de Dorys, quien actualmente, reside en Quito.

Foto © 2024 Diario EL NORTE.

Sus estudios primarios los cursó en la tradicional Escuela Gabriela Mistral. Al terminar la primaria, un duro cambio soporta la escritora, pues sus padres deciden enviarla a Quito para que curse la secundaria en la el Colegio Nuestra Madre de la Merced, que para aquella época era un internado.

A pesar de la distancia, Dorys atesoraba en su corazón las calles, casas, gente y paisajes de su querido Valle del Amanecer. Este sentir se resume en una frase “Nunca me fui de Otavalo”.

Sus primeras lecturas, inculcadas por sus padres, fueron del género de misterio. Siempre escribió, desde muy niña las letras esclarecieron su mundo y las palabras le dieron sentido. Su libro imprescindible es el Principito, de Antoine de Saint-Exupéry.


Los estudios universitarios y de postgrado los realizó en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Universidad Técnica Particular de Loja y Flacso, sede argentina.

Es investigadora y docente. Tiene una licenciatura en Letras y Castellano, una maestría en Literatura Ecuatoriana e Hispanoamericana, una maestría en Literatura Infantil y Juvenil, un diplomado en Currículum y una especialización en Currículum y Prácticas Escolares en Contexto. Rueda fue profesora durante 19 años en el Colegio Los Pinos, de la ciudad de Quito, en el área de Lengua y Literatura.

Fue correctora internacional, para la Organización del Bachillerato Internacional (Cardiff, Inglaterra), por 10 años. Fue maestra de lectura comprensiva en la PUCE, por 9 años y hoy continúa como maestra de Lenguaje del Seminario Mayor San José de Quito, desde hace 10 años.


“El Mundo de la Reflexión” es el proyecto digital que desarrolla Dorys junto a su esposo Héctor Cinesros. La escritora comentó que vio la necesidad de crear una plataforma donde los estudiantes puedan encontrar información real sobre literatura.

“El objetivo fue y sigue siendo incentivar la lectura y la escritura, difundir la narratología oral del Ecuador y recoger reflexiones de alumnos y maestros sobre temas diversos”, comentó Rueda.

El sitio fue creado sin fines de lucro, cuenta con tres millones de visitas. “Es una plataforma cultural, literaria y educativa, sin fines de lucro, que próximamente cumplir 11 años”, dijo.

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Fuente: «Nunca me fui de Otavalo». elnorte.ec. Diario EL NORTE, 21 de enero de 2024. Web. 21 de enero de 2024.