VISITA RECOGIDA EN LA MEMORIA
Escrito por Jaime Núñez Garcés
Nuestra música registra partituras y pentagramas sempiternos. Tal es el caso del pasillo “Las tres marías”, a la fecha, ya nonagenario. El haber sido creado en 1932 (a inicios del noveno mes), fija un momento oportuno para exponer algunos detalles sobre esta melodía auténticamente vernácula.
Porque entre el encuentro memorable que voy a referirles y el posterior nacimiento de Carlos Gabriel –mi segundo hijo–, mediaron pocas horas, puedo fijar la fecha con exactitud: martes 27 de abril de 1982. Por esos días, el venerado Señor de las Angustias y su feligresía incondicional en pleno, andaban de festejo. Novena, beatas, cofrades, estruendosos “papa truenos”(que hasta hace unos años provocaban un susto descomunal en horas de la madrugada) y castillos, alcanzaron religiosamente su protagonismo anual.

Foto © Archivo diario El Comercio.
El sobrio almuerzo estrictamente condicionado a la dieta inflexible, dio paso al insustituible quehacer cotidiano de entregarse a la creación musical. Sobre la pequeña mesa, las amplias hojas de papel ministro sin raya, regla, pluma y tintero, permanecían a la espera del trazo meticuloso concebido con manos predispuestas. Una tras otra, aparecieron las líneas rectilíneas para pautar pentagramas imperecederos cuando en la tercera hora de aquella tarde, el timbre inoportuno interrumpió la tarea. Con andar pausado, el cuerpo octogenario, avanzó hasta la puerta de calle que una vez abierta, permitió observar al inesperado visitante quien vestía terno y corbata, de estatura mediana, sobre su cabeza entrecana, un sombrero hacía juego con su edad de apariencia avanzada, sus anteojos de cerco azabache otorgaban cierta benignidad a su expresión, elementos que reunidos determinaban una apariencia elegante.
–“Disculpe… ¿El señor Alejandro Plazas?”
–“A sus órdenes” –contestó Don Alejandro entre sonreído y extrañado.
–“Es un verdadero placer conocerle, mi nombre es Evaristo García”.
El saludo se tornó efusivo a través del estrechón de manos, habían transcurrido cinco décadas desde que naciera “Las tres marías” para que el anhelo de quien versificó este pasillo (conocerle al autor de la música), tenga eficaz cumplimiento, “preguntando se llega a Roma” reza el adagio popular, de manera que ubicar en la calle Sucre 1009 (Otavalo), el domicilio del compositor fue tarea nada difícil.

Alejandro Plazas Dávila. Foto © Galería de compositores ecuatorianos. Museo del Pasillo, Quito.
La pequeña sala acogió de buena gana al anfitrión y a su visita. El diálogo surgió espontáneo para tornarse ameno y coloquial, se platicó entre otros temas sobre las diferentes circunstancias en que fue creada la canción, el homenaje paterno a las tres hijas marías del lado musical, y la predilección única por una bella e inusual melodía del lado literario. Un ir y venir inacabables de anécdotas evocadoras o situaciones relatadas alternadamente por los contertulios, descontaron minuto a minuto el par de horas que duró la entretenida conversación, el tema de la música nacional en sus diferentes aspectos, canciones, autores y compositores, fue abordado con complacencia. El deseo compartido de conservar un recuerdo de esta insospechada entrevista, hizo que sus protagonistas encauzaran cuesta arriba su lento caminar hasta el estudio fotográfico del señor Jaime Proaño, el flash retrató esos semblantes en una placa fotográfica, entregada desde entonces a la posteridad.

Esperanza, Fabiola y Leonila Plazas Córdova. Foto © Archivo personal, Jaime Núñez Garcés.
Aquella tarde ya había alcanzado madurez. El retorno a casa de Don Evaristo, obligó a que cruzaran animosos el parque Bolívar dirigiéndose hacia la plaza Copacabana donde el profesor García abordaría el bus de transporte para trasladarse a la capital, su lugar de residencia.
Al pasar por determinada casa el “maestrito Alejandro” sugirió “entremos un ratito, aquí vive un hijo”. La presentación respectiva y el saludo cordial antecedieron a la propuesta de pasar un momento, formulada por Alejandro Plazas Córdova. Ya en el interior, las ocurrencias del “cuarto hijo primer varón” provocaron más de una sonrisa, entretenida escala del periplo amenizada con apetitosos sánduches y un par de cervezas.

La “Lira otavaleña” en la fábrica “El Prado” de Riobamba. Foto © Archivo personal Jaime Núñez Garcés.
El abrazo sincero y entrañable, efectuado junto a la boletería de Transportes Los Lagos, tuvo el carácter de un adiós definitivo entre estas dos figuras de la composición.
“Las tres marías” cumple este año sus bodas de oro”. Con este titular, Terry Willams, cronista del diario El Comercio se refería dos meses y días después a la personalidad y trayectoria de Alejandro Plazas y Evaristo García. En edición del sábado 3 de julio de 1982, sección B, página11 –Cultura y Hogar- señalaba en una parte de su nota periodística: “Cinco décadas han pasado desde entonces y se cumplirán exactamente en el mes de septiembre, cuando se recuerde la fecha en la que el maestro Alejandro Plazas compuso en Otavalo, su tierra natal, su homenaje filial a sus hijas María Fabiola, María Esperanza y María Leonila. Las cuerdas de la guitarra dejaron escapar en breve lapso, la inspiración musical que más tarde adoptaría la letra creada por el profesor Evaristo García oriundo del cantón Chimbo. Era el abrazo fraterno de dos figuras que unieron sus ideales en un pasillo que ha sido grabado en múltiples versiones, incluyendo la original de Benítez Valencia y la bien lograda realización instrumental de los Violines de Lima. Otavalo obtuvo la primacía al promover una primera versión en guitarras, lo que no sería de otra manera, siendo la música original de uno de sus más meritorios conciudadanos”. Y por supuesto, la fotografía captada en el Foto Estudio Proaño, ilustró el reportaje.
En mi modesta opinión, la mejor versión cantada a dúo es la de los hermanos Valencia: Luis Alberto Valencia (el inolvidable “Potolo”) y su hermana Olga Beatriz, una primera y segunda voz bien definidas, incomparables, que alcanzan excelencia con el marco musical del ambateño Luis Aníbal Granja. Entre otras, la mejor interpretación instrumental es la de “Los violines de Lima”, grabada en 1968 durante una visita que a “la perla del pacífico” hiciera el conjunto peruano, conformado por cinco ejecutantes del violín bajo la dirección del maestro Julio Santos. Su producción, donde destaca este tema de mi entera preferencia, encierra una pequeña historia anecdótica: Interrumpiendo el itinerario de presentaciones del grupo musical, Ifesa decide crear un LP donde constarían los doce mejores pasillos del pentagrama nacional ecuatoriano. Con Héctor “manito” Bonilla a la cabeza (en ese entonces director musical de esta productora discográfica), un grupo notable, procede a efectuar un escogimiento exhaustivo, al final, son seleccionadas los mejores temas, creaciones de los considerados mejores compositores como: Enrique Espín Yépez, Francisco Paredes Herrera (el “príncipe del pasillo”), Miguel Ángel Cazares, César Guerrero, José Ignacio Rivadeneira, Segundo Cueva Celi, Carlos Rubira Infante, Enrique Ibáñez Mora y el otavaleño Alejandro Plazas Dávila. Una verdadera y auténtica “Audición de Gala del Pasillo Ecuatoriano” que es como titulan a esta larga duración, grabado para el sello Orión. En la ejecución del órgano y el piano interviene un gran intérprete, el maestro Segundo Jiménez Zambrano. En arpa, son dignas de ser nombradas las versiones del cubano Alfredo Rolando Ortiz y de los compatriotas Hnos. Navarrete (dichas versiones pueden ser escuchadas en YouTube).

Los violines de Lima. Foto © Archivo particular.
Cuando en 1968, el ex presidente Galo Plaza Lasso fue nombrado Secretario General de la OEA (cargo ejercido hasta 1975), la colonia ecuatoriana organizó un acto de reconocimiento donde Eduardo Zurita intervino interpretando temas del cancionero ecuatoriano, entre estos, “Las tres marías”, el flamante dignatario, muy emocionado, solicitó al organista que repitiera tan hermosa canción.
Conforme la versión de Don Alejandro, conozcamos qué le motivó a componer esta hermosa melodía.
“Yo le dediqué con todo cariño a mis hijas María Esperanza, María Leonila y María Fabiola, esto fue el 7 de septiembre del año 1932. Esto lo compuse de esta manera: yo estaba como de costumbre sentado en mi escritorio escribiendo música y mis tres guaguitas jugaban alrededor mío, entonces yo les dije, callen no hagan alboroto, me dejan escribir, estando así, se acercaron donde mí, la más grandecita me dijo ‘papacito qué nos va a dar’ entonces, le siguieron remedando las otras dos también diciendo ‘papacito qué nos va a dar’ les dije, como de costumbre una batita, un par de zapatos y una bolsita de caramelos y además de esto, ahora les voy a obsequiar una cosa que va a ser inmortal para toda la vida, porque una batita, un par de zapatos, una bolsita de caramelos se acaba de seguida, lo que eso va a quedar para toda la vida de ustedes, es un pasillo que le voy a poner el nombre de ustedes: mis tres marías (título original). Este pasillo fuimos a practicar y a estudiar en la casa del señor Gonzalo Gómez, hasta las diez de la noche que nos fuimos a la casa de la familia Bolaños, hasta eso le aprendimos, como eran bien diestros en ese tiempo era yo clarinete, Manuel Mantilla gran músico, clarinete; el bajo, Carlos Paredes; guitarras Gonzalo Gómez, Gabriel Beltrán, Amable Paredes, Gonzalo Paredes y Guillermo Paredes, todos ellos buenos músicos, muy hábiles, que le pusieron enseguida, como les gustó, se tocó de seguida y eso fuimos a estrenar allá en la casa de la familia Bolaños”.

Luis Alberto Valencia y su hermana Olga Beatriz. Foto © Archivo particular.
“Un señor muy educado, de buena presencia, una persona correcta y muy amable”, así se expresó Don Alejandro refiriéndose a Evaristo García, en la mañana del día siguiente. Gracias a ese testimonio, tan verídico como anecdótico, diferente a otros que por chaquiñanes quizá mal intencionados aparecieron, viciados de falsedad o desconocimiento manifiesto (en alguna publicación, un reconocido intelectual otavaleño, afirmó de manera diametralmente errónea que, Evaristo García nunca conoció a Alejandro Plazas).
Es así como la visita aquella… quedó atrapada en mi memoria.
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Fuente: Núñez Garcés, Jaime. Comunicación personal, 8 de septiembre de 2026.