Formó parte del dúo ecuatoriano “Benítez- Valencia” el mismo que se desintegró al morir el “Potolo” Valencia a inicios de los años 70, desde allí no formó ningún otro dueto en homenaje a su compañero inseparable. Cultor de la música nacional en sus diferentes ritmos, Benítez en una corta entrevista lograda hace cinco años atrás en la ciudad de Quito, recuerda algunos pasajes de su vida, señala que tuvo muchos amigos de Ibarra, quienes lamentablemente ya se adelantaron a la partida.
Gonzalo Benítez es una gloria viviente de nuestra sentida música nacional. “Hemos luchado sobre todo, los que hemos tenido la suerte de salir fuera del país y gritar con alma, vida y corazón, ecuador es el país más lindo del mundo”.
Con mi compañero Luis Alberto Valencia con él estuve cantando más de 30 años, después él falleció y he seguido mi carrera artística solo, sin hacer dueto con nadie para guardar una consecuencia artística y no se borre el nombre de Benítez y Valencia, dijo emocionado el cantante y compositor.
¿Qué se le puede dejar a la nueva generación? En este instante estoy más por el público, porque yo sé que el público tiene derecho a reclamar cuando alguien también ha dado toda su vida por un arte y ese arte es el que yo lo he llevado con altura, con dignidad y con voluntad.
En el arte que yo tengo como intérprete y como compositor, porque tengo más de 35 canciones que todas están grabadas. Yo me debo más al público, a ustedes, a este conglomerado lindo que ahora más que nunca se han dado cuenta el valor que tiene la música, en el mundo entero, que quieren transformarle, pero es música. La nuestra es una música con sentimiento, con amor, con cariño.
¿Cuál es la canción que le gusta interpretar? Hay una canción muy bonita que siempre me ha llegado, canción que la grabé en el año 1949 con mi compañero “Potolo” Valencia “Ángel de Luz”, es una canción que nos enseñó a nosotros exclusivamente por la señora Benigna Dávalos, una mujer que ya dejó de existir, era muy amiga nuestra y con mucho cariño nos enseñó esa canción
¿No hay como Otavalo”, qué piensa de esa canción? Esa es localista, es para nosotros los imbabureños, porque dice entre todo el Imbabura, Otavalo es el mejor, hay la canción “Imbabura de mi vida”, que es lo más lindo que hay, esa canción me hace llorar.
¿Cuáles han sido los secretos para crear canciones, ya que hoy existen muy pocas.? Hay muchas canciones que hemos querido grabar, pero que no pueden impactar, hay que conocer un poquito la sicología del pueblo, qué es lo qué quiere más, qué es lo que quiere cantar. En otros países les gusta nuestra música, por ejemplo el yaraví: “De esta tierra ya me voy a esta tierra he de volver porque tengo que pagar gratitud de una mujer”.
¿Cómo quisiera que le recuerden las futuras generaciones? Estoy cumpliendo 65 años de docencia, estoy separado del magisterio, allí he tenido la oportunidad de inculcar a la juventud el cariño a la canción ecuatoriana.
¿Una anécdota que le haya pasado con el “Potolo” Valencia? Estábamos en una audición y se equivocó en la letra de una canción, le amonesté y le dije cómo es posible que te equivoques en la letra de esta canción que creo que hemos cantado unas cien veces. El Potolo me contesta y me dice sabes a propósito lo hice para que el público crea que no es disco”.
TAMBIEN DIJO “Hemos tenido la suerte de poder levantar el ánimo, el nombre del Ecuador ante el mundo entero”. “Me debo a mi público a este conglomerado que ahora más que nunca se han dado cuenta el valor que tiene la música”. “Tenemos nosotros el sentimiento único en América, porque como yo he viajado he estado en Argentina, en Chile, en Perú, Bolivia, casi todo Sud América y no digamos en los Estados Unidos, ya he dejado ir a ese país”. “Hay que necesitar tener voluntad como lo que yo he tenido. Esta voluntad mía viene desde mi familia, mi padre fue el gran conductor para que yo llegue a este conciencia que tengo ahora de haber aprendido lo que él me enseñó, los consejos que él siempre me dio”. “Tengo una canción que ahora he oído cantar en los campos de mi tierra, es la vuelta del chagra y ha pegado”.
Fuente: “Gonzalo Benítez un imbabureño con alma, vida y corazón”. Diario Expectativa, 27 de diciembre, 2016. expectativa.ec. Web. 17 de abril de 2020.
Gonzalo Benítez, como contados artistas ecuatorianos, se sintió deslumbrado desde muy joven por las melodías de su tierra. Ellas eran las que lo llenaban de dicha o de melancolía, ellas eran las que lo hacían vivir apasionadamente, ellas eran las que tocaban y sacudían sus fibras íntimas y escondidas. En ellas encontraba el cuerpo, el rostro, el alma de su país, donde había nacido por la gracia de Dios. Por eso, cuando se dispuso a cantar, cantó lo ecuatoriano por siempre jamás, porque así le rendía culto maravolloso a la propia corteza. Gonzalo Benítez, que tuvo su momento sublime y extraordinario junto a “Potolo” Valencia, acaso el mejor dúo que ha surgido en el Ecuador, ha cantado, desde la época del conjunto “Alma Nativa”, a todo lo largo y ancho del suelo ecuatoriano, y también en otros países de este continente y en Europa, llevando en alto, como estandarte imbatible e incambiable, el yaraví, el pasillo, el albazo, el aire típico, el suanjuanito, la tonada. Piezas a las que se entregaba totalmente y las que entregaba totalmente porque sabía que en las notas, letras y acordes de nuestra patria, iba el recado de los ecuatorianos a los ecuatorianos, o de los ecuatorianos al mundo.
De la portada del disco LP “Gonzalo Benítez. El de siempre”, 1979.
Carlos Gonzalo Benítez Gómez nació en Otavalo el 14 de enero de 1915. Su padre, el compositor Ulpiano Benítez Endara, le enseñó a tocar la flauta y a cantar. Estudió en la Escuela 10 de Agosto de Otavalo, donde cantó por primera vez en un programa por el día de la madre; logró cantar casi dos estrofas y salió corriendo del salón de actos. En sexto grado integró la estudiantina escolar, ensamble que incluía guitarra, bandolín, flauta, dulzainas, dirigido por el profesor Guillermo Garzón, quien además era compositor e intérprete de la flauta y la guitarra.
En el programa escolar de Navidad de 1927 cantó en el Teatro Bolívar de Otavalo. Más tarde, actuó en el salón de actos de la escuela, en un programa de recibimiento al Presidente Isidro Ayora, quien viajó a Otavalo para inaugurar el servicio del ferrocarril en 1928. Entre 1930 y 1936 estudió como interno en Quito en el Colegio Normal Juan Montalvo, donde también había una estudiantina. En tercer curso, el músico Juan Pablo Muñoz Sanz le obsequió una flauta traversa, le enseñó lectura musical, y lo integró como cantante en la estudiantina del colegio. En los años del internado aprendió a tocar guitarra con uno de los empleados. Una vez graduado como preceptor normalista, retornó a su ciudad natal donde ejerció el magisterio por dos años en la Escuela 10 de Agosto; como cantante, integró la Estudiantina Otavaleña. En 1939 retornó a Quito y laboró durante medio año en el Colegio 24 de mayo. También se matriculó en la Facultad de Pedagogía de la Universidad Central e integró el equipo de fútbol Liga Deportiva Universitaria por un corto tiempo; posteriormente, pasó a trabajar como profesor del Colegio Normal Juan Montalvo. Allí conoció a Luis Alberto Valencia Córdova, con quien conformó el dúo Benítez-Valencia desde 1942. El dúo inició sus presentaciones en la radio HCJB y luego en la radio emisora Quito, donde nació profesionalmente el dúo. Los antecedentes del Dúo Benítez Valencia giran en torno a tres circunstancias relacionadas entre sí:
La primera de ellas es que Gonzalo Benítez y Luis A. Valencia eran normalistas en el Colegio Juan Montalvo, en donde se conocieron y en alguna ocasión cantaron juntos en una programación estudiantil en los años 30.
La segunda situación es la conformación del grupo Alma Nativa cuya dirección estaba a cargo el músico otavaleño Guillermo Garzón Ubidia y sus integrantes eran Corsino Durán, Marco Tulio Hidrobo, Bolívar Ortiz, Carlos Carrillo y Gonzalo Veintimilla, quienes –exceptuando el primero de los mencionados que era violinista- después se convertirían en Los Nativos Andinos, un cuarteto de guitarras excepcional. Gonzalo Benítez se sumó como cantante a esta agrupación en la cual hacía dúo con Bolívar “El Pollo” Ortiz, así se grabaron algunos discos de pizarra. Poco, después Ortiz decidió dedicarse con mayor ahínco a la guitarra y fue entonces que sugirió a Benítez que buscara a Luis A. Valencia.
El tercer factor que finalmente contribuyó en la constitución de este magnífico dúo es el desarrollo alcanzado por los medios de comunicación radiales, en donde confluye Radio Quito, empresa que se funda precisamente en 1940, y que invita a ser parte de la planta artística de la Radio a varios músicos, ente ellos a Los Nativos Andinos y al Dúo Benítez Valencia; esto permitió hablar de una actividad profesional en la música popular. El programa que presentaba la música ecuatoriana en audiciones en vivo era “Canciones del alma”, que el público seguía con gran expectativa. Así es como empieza una carrera artística de treinta años de uno de los más grandes dúos vocales masculinos de la música popular del siglo XX. A la voz de Benítez, más aguda, de tenor, con una gran extensión, se sumaba la de Valencia un tanto más grave, de barítono, y con un timbre excepcional. Manejaban increíblemente la afinación, potencia y elemento expresivos de la música: crescendos y diminuendos excelentes, o sea cuando escuchamos que la voz sube de volumen o baja gradualmente o súbitamente, de acuerdo a la necesidad expresiva de la canción, lo cual permitía saber exactamente dónde estaba el clímax de la pieza musical.
También eran conocidos por sus sus amigos por el apodo de Luis Alberto, “Los Potolos”. Realizaron una gran cantidad de presentaciones y grabaciones de música de autores nacionales y también composiciones de su autoría, temas que alcanzaron gran difusión y popularidad en Ecuador y en toda Latinoamérica.
En la ciudad de Riobamba realizaron su última presentación; mientras cantaban el yaraví Desesperación, Valencia sufrió un desmayo. Posteriormente fue trasladado a una clínica de Quito, pero se hallaba ya en coma y muy poco se podía hacer por su restablecimiento. Falleció el 25 de octubre de 1970. El dúo se extinguió a raíz de la muerte de Luis Alberto y a pesar de que Gonzalo siguió cantando tres años más para cumplir contratos, no pudo seguir por la pena y la falta de su compañero de más de 30 años. Gonzalo Benítez falleció en Quito el 5 de septiembre de 2005.
Al Dúo Benítez y Valencia se le atribuye la autoría de la música de “Vasija de Barro”, poema escrito colectivamente en una noche de farra en la casa del pintor Oswaldo Guayasamín, cuando los poetas Jorge Carrera Andrade, Hugo Alemán, Jaime Valencia (pintor) y Jorge Enrique Adoum observaban enamorados el cuadro “El Origen” del pintor Guayasamin, donde un cuerpo yace en el fondo de una vasija de barro.
Ícono de la música popular ecuatoriana junto a solistas como Julio Jaramillo y Carlota Jaramillo, el dúo recibió varios reconocimientos por su talento artístico. El Presidente Carlos Julio Arosemena otorgó al dúo la Condecoración Nacional en el grado de Caballeros, en 1962. Veinticinco años después, León Febres-Cordero, le otorgó a Benítez la Condecoración Nacional en el grado de Oficial, y en el año 2001, Gustavo Noboa le dio la misma distinción en el grado de Gran Oficial.
Hijo del compositor Ulpiano Benítez Endara. Su pasión por el pasillo, las tonadas, el danzante, los albazos, pasacalles y sanjuanitos se reflejó en la autoría de cerca de 30 canciones entre las que se incluyen: Chola Linda, Soledad y Ojos Verdes.
Otro aspecto digno de mencionarse es que alcanzaron a realizar una gran suma de registros sonoros; nosotros logramos compilar más de seiscientas piezas musicales grabadas. Ese permitió ratificar definitivamente el cancionero o el repertorio llamado de “música nacional”. El pasillo llegó a su cúspide con estos intérpretes y los ritmos ecuatorianos como sanjuanitos, danzantes, tonadas, pasacalles, albazos y otros que les entregaban los nuevos compositores populares de su época, tuvieron el espacio para divulgarse y popularizarse.