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Un personaje de leyenda

Posted on 2026-07-162026-07-16 by L. Hdez

𝐸𝑠𝑐𝑟𝑖𝑡𝑜 𝑝𝑜𝑟 𝐽𝑎𝑖𝑚𝑒 𝑁𝑢́𝑛̃𝑒𝑧 𝐺𝑎𝑟𝑐𝑒́𝑠

Dicen que de “músico, poeta y loco todos tenemos un poco”, adagio popular cuya vigencia permanece intacta; pero la personalidad multifacética de Alberto Larrea Valdivieso, abarcó un universo de cualidades que en realidad este auténtico caballero andante tuvo de todo: agrónomo, jinete, rejoneador, aficionado práctico, ganadero, pionero del automovilismo, futbolista, polista, golfista, piloto, periodista, legislador y de yapa… diplomático.

Quiteño de cepa con una ligazón profunda a Otavalo por haber sido en su momento el primer propietario de la hacienda San Vicente, hoy, asentamiento de tres populosas urbanizaciones (Rumiñahui, Los Lagos y María José). Su etapa escolar deambuló por las aulas de El Cebollar, donde una disciplina férrea era impuesta por los Hermanos Cristianos, el Instituto Nacional Mejía acogió sus seis años inolvidables de colegio, crisol donde forjó sus años juveniles. Fue en Estados Unidos donde concluyó su formación académica profesional, allá, se graduó de agrónomo, tuvo la oportunidad de quedarse trabajando en ese país en una fábrica de galletas; pero más pudieron los clamorosos llamados de Doña Teresa Valdivieso Valdiviezo, su madre y por añadidura… el llamado terrígeno.

Luciendo un porte distinguido y elegancia habitual, apoyado en su Ford del año. Foto © Archivo personal del Dr. José Luis Bruzzone.

Hijo de Rafael Teodoro Alfonso Larrea Gómez de la Torre, terrateniente de ancestro. Contaba mi papacito Carlos que era común verle montado a caballo, merodeando por todo este inmenso predio y las riberas del río Jatunyacu, junto a la fábrica San Miguel (cuando dicha propiedad pasó a manos de la familia Acosta Velasco, una rutina similar solía cumplir Jorge Acosta Velasco –soy testigo presencial de aquello– quien ocupó la cartera de Ministro de Defensa durante el quinto período presidencial de su tío Dr. José María Velasco Ibarra). Excelente jinete nuestro versátil protagonista, al estar en relación directa con el campo, la agricultura y el ganado sea vacuno o lanar. Tenía una marcada afición por la tauromaquia, tanto que llegó a dominar el temerario arte del rejoneo por un lado, mientras que con su capote de brega y la muleta, demostró poseer cualidades en infinitas capeas. Muy amigo de grandes figuras del toreo, de allí que entre otras verdaderas personalidades que estuvieron de visita en su hacienda constan nada más ni nada menos que Antonio Bienvenida y Conchita Cintrón, rejoneadora nacionalizada peruana más conocida como “la diosa rubia del toreo” y otras figuras del toreo a caballo. Conforme testimonio, su anfitrión, tenía por costumbre hacerles firmar en una pared atestiguando de esta manera su visita, tradición eminentemente taurina perennizada por su nieto el Dr. José Luis Bruzzone, propietario de la ganadería de toros de lidia Santa Rosa ¡olé!

Haciendo un alto a su paso por Otavalo Alberto Larrea V. (piloto) y Fernando Valdivieso (copiloto), mientras intervenían en el raid Babahoyo _ Pasto. Foto © “Otavalo en imágenes”, publicación del IOA.

Pionero del automovilismo ecuatoriano. Al volante de su poderoso Peerles no se perdió una sola competencia. Considerado un verdadero as del deporte tuerca luego de que en 1932 participó en un raid Babahoyo-Pasto (1.110 Kms), empleando el tiempo record de 24 horas en cubrir ese recorrido, al mando de un Ford cuatro cilindros con palanca de cambios en vez de pedales, su nombre: “el pájaro azul”, acondicionado en aquella veloz ocasión con madera y tol por nuestros paisanos Don César Garcés y Virgilio Mena. Las nupcias contraídas con Alina Arcos Mosquera (sobrina de Aurelio Mosquera Narváez) en 1942, constituyeron la razón forzada que puso punto final a esta etapa de vertiginosos correteos y sobresaltos.

En la intimidad de su hogar, entregado a otra de sus inclinaciones, la lectura. Foto © Archivo personal del Dr. José Luis Bruzzone.

En el plano futbolístico (estando dotado de una buena contextura física), defendió desde la portería los colores del quiteñísimo Gladiador, pateó balones y una que otra canilla junto a los hermanos Galo, Leonidas y José María Plaza Lasso, a quienes también les gustaba el deporte de multitudes, testigos: las canchas de muchas ciudades y cantones del país, principalmente, la del añorado estadio “el arbolito”. Para no descuidar su permanente contacto con las pelotas practicó el polo y el golf con las más pequeñas, deportes aprendidos durante sus estadías en Europa y Estados Unidos que de paso introdujo en la sociedad quiteña, llegando a ser su mejor exponente.

Aprendió a volar en aeroplano, antes de surcar el cielo capitalino una y otra vez al mando de un monomotor en tiempos que esas pequeñas y ruidosas aeronaves aterrizaban en los terrenos donde hoy está situado el parque La Carolina. Por aquellos días, esta ocupación estaba considerada como una verdadera hazaña. Este hobby tuvo su final tajante y definitivo cuando la ocurrencia del intrépido piloto Larrea, estuvo a punto de provocar un patatús. En vuelo rasante sobre el patio de la hacienda Cuchitingui (propiedad de sus padres situada en la provincia de Cotopaxi), ofreció a su madre un ramo de flores, lanzándole desde poca altura, la reacción fue tal que Doña Teresa, le prohibió terminantemente subirse en uno de esos diabólicos aparatos y como donde manda capitán, casi siempre no manda marinero.

Alberto Larrea Valdivieso (1903-1973). Foto © Archivo personal del Dr. José Luis Bruzzone.

Viajero infatigable. Iba y venía como quien ahora se traslada de Quito a Guayaquil, cabe mencionar que por aquella época, semejante viajecito había que realizarlo en barco y a más del costo, tardaba algunas semanas. Madrid y París fueron sus metrópolis preferidas, por esos lares, tenía su círculo de amigos intelectuales y bohemios. El Café Gijón en Madrid y el mundialmente famoso Lido de París eran sus “puertos” preferidos, en buenas cuentas, un “pata caliente” incorregible. Consecuentemente, hablaba fluidamente algunos idiomas, en especial inglés y francés.

Con gran capacidad organizativa, pudo desempeñar a cabalidad otras ocupaciones y dignidades, alternando con la profesión sus hobbies y habilidades. Incursionó en el periodismo, cuyo estilo crítico, ingenioso, humorístico imprimió en las “Travesuras de mi pluma” y “Charlas con mi compadre” publicadas por El Comercio y Ultimas Noticias. La frontalidad expresada en algún artículo de opinión, le costó un juicio de imprenta que derivó en dos días de capacha más 25 sucres de multa. Después de ser acusado de “conspirador” y apresado, pasó tres meses en el panóptico, la época: presidencia de Carlos Arroyo del Río. Posteriormente, un reclamo directo planteado al dictador Federico Páez le significó tres años de exilio en Chile.

En su última fotografía , junto a su nieto José Luis Bruzzone. Foto © Archivo personal Dr. José Luis Bruzzone.

Su tránsito fugaz por la legislatura, permitió que sin estar afiliado a partido político alguno, firmara la Carta Política del Estado de 1946. El extenso historial de sus viajes al exterior, hizo que desempeñara la función de Director de Turismo en el gobierno de Camilo Ponce Enríquez, habiendo observado que la industria turística significaba un puntal de desarrollo en otros países, intentó implementarla en el nuestro. Diplomático ad honorem además, sin cobrar un solo centavo por sus representaciones diplomáticas, cuando en buenas cuentas, éstas significaban una erogación considerable.

La enfermedad llegó junto a una etapa de austeridad, aun así, este auténtico representante del convivir tanto capitalino como imbabureño, persistió en conservar intacta su manera de ser: alegre, dicharachero, elegante como siempre, erguido, hasta que llegó el día 28 de noviembre de 1973, donde su existencia culminó a los 70 años de haberse entregado a vivir como todo una celebridad de leyenda.

Haber trazado a entera satisfacción un perfil biográfico resumido de Alberto Larrea Valdivieso, tiene su razón de ser, socio activo y Presidente del Club 24 de mayo en 1941, entidad de raigambre muy otavaleña creada en 1917.

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Fuente: Núñez Garcés, Jaime. Comunicación personal, 16 de julio de 2026.

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