APARICIÓN DE INFARTO
Jaime Núñez Garcés
Para quienes poseemos una marcada inclinación por el sutil oficio de escribir, un minúsculo detalle (siempre y cuando este sea muy significativo), constituye un detonante que motiva a nuestra mente acuciosa, desde donde relatamos hechos acaecidos o pequeñas historias a través de renglones reveladores.
En esta sorpresiva e inesperada ocasión, fueron dos fotografías impactantes que, circulando por los viaductos de una tecnología avasalladora, me llegaron vía redes. Ipso facto, responsabilicé a la inteligencia artificial, hoy tan boyante, cuando el gusanito de la curiosidad se acomodó a sus anchas en mi interior, fijando el rumbo que trazarían mis pasos diligentes hacia la mismísima fuente para conocer el testimonio real, ubicando de manera fidedigna la innegable veracidad.
Este cuerpito de complexión ya septuagenaria, fue a dar en el restaurante de comida tradicional “El Indio”, a pocos metros de la denominada “plaza de los ponchos”, donde le encontré a Marcel Román, quien consta en una de las imágenes junto al personaje central de esta narración. Sin rodeos, abordamos el tema mientras la exquisitez de un aroma a fritanga envolvía el ambiente.

Rambo degustando un sabroso plato de fritada. Foto © Cortesía Marcel Román.
A eso de las diecinueve horas del martes 26 de mayo, un vehículo Ford Grand Marquis color negro, se estacionó junto a la acera, algo muy habitual, salvo el lujoso aspecto del automóvil y de quien descendió de este, poseedor de una admirable contextura física, fornido, bien macuco. Vestía un hoodie (sudadera con capucha) y calzaba “tenis” deportivos del mismo color, al descubrirse la cabeza para quitarse la chaqueta, una sensación de incredulidad empezó a interiorizarse en Marcel, hasta mutar a una súbita impresión cuando el tono de voz grave, varonil, disipó toda duda, equivalente a recibir un jab, un gancho al hígado o un uppercut, guaracazos evidenciados en los filmes del “semental italiano” al comprobar que quién ingresó al local era nada más ni nada menos ¿adivina adivinador? en carne y hueso ¡Silvester Stallone! Venía de Cuicocha y lo primero que preguntó fue “who is Marcel”. Las redes sociales también son causa de provocar situaciones inverosímiles, para muestra un botón. Desde hace años, nuestro paisano –consumado admirador de Rocky Balboa– intentó hacer contacto con este aquilatado personaje, hasta que hace aproximadamente una década, le “sonó la flauta”… tanto va el cántaro al agua. Como Román “parla” English, logró dialogar telefónicamente durante unos segundos, desde entonces, enviaba fotografías de la tierrita, del restaurante, etc.

Anfitrión y visitante. Foto © Cortesía Marcel Román.
El saludo de puño precedió a la petición formal de quien acompañaba al famoso actor: no captar en video este momento y en lo posible, evitar que se haga “bomba”. “What is this restaurant´s specialty” (cuál es la especialidad de este restaurante) preguntó el renombrado viajero. Sin salir aún del shock, los anfitriones sirvieron una generosa porción de fritada y sus aditamentos culinarios, “let me try” (déjame intentarlo), se sirvió dos pedazos y levantó el pulgar en señal de aprobación.
La conversación duró pocos minutos, tiempo corto con apariencia de ser eterno. Indicó que a Ecuador ha venido siempre de incógnito y en tres ocasiones, siendo sus preferencias, el centro histórico de Quito, los lagos imbabureños; aunque según su propio testimonio, cuando llegó a Yahuarcocha, ni siquiera se había bajado del vehículo porque simplemente no le llamó la atención. Patrocina una fundación de ayuda social “Empodérate de tus sueños” y es él quien designa a quien ayudar “I choose who to help”. La recomendación del compañero chofer “boss it´s time to leave for Quito” (jefe ya es hora de partir a Quito). El contacto entre puños de volúmen notoriamente disparejo, puso fin a este encuentro que, documentado en esta modesta crónica, formará parte de las historias reales “made in Otavalo”.
Con propiedad, puedo indicar que esta anécdota de dimensión cinematográfica extrema, es la sabrosa antesala del siguiente listado de verdaderas celebridades, destacadas a nivel mundial en los ámbitos concernientes a la política, el cine, la farándula, el deporte y las artes en general, quienes en algún momento han visitado “El valle del amanecer”. Siendo además “La cobija de todos”, conviene transcribir este párrafo: “Grata impresión recibo al entrar a Otavalo. La alegría de los residentes y la gentil atención de sus autoridades, me luce un pueblo típico, con actividad e industrias domésticas muy propias, que hace pensar en un porvenir de resultados fecundos”. Juicio emitido en 1944 por el General Fulgencio Batista, encargado del mando supremo de Cuba.
Adentrándonos en el entretenido aspecto farandulero, no es novedad que durante la época inolvidable del “Cascarón de la alegría” alma bendita, desfilaron por su escenario: Raphael, Julio Iglesias, Leonardo Favio y otras figuras no menos importantes (hace ya algunos años, circulaba por las inmediaciones del Ministerio de Agricultura y ¡oh sorpresa! Detrás de un cerramiento lucía su vejez prematura, aún se podía leer “Yamor en Otavalo”, mientras contemplaba nostálgico, los recuerdos acudieron sin invitación, allí, ya en naciente adolescencia, chumamos cabeza con chuchaqui y llamado de atención incluidos, zangoloteábamos, los Junior III presentamos en más de una ocasión el festival “Locura de verano”… que locos. Averiguando, me enteré que estaba siendo utilizado como bodega de fertilizantes). Juan Gabriel “el divo de Juárez”, deambuló por la calle Bolívar la mañana del sábado 28 de agosto del 2016 (aquí el enlace). En la “plaza de los ponchos”, escenario de la mayor feria artesanal del país, pude dialogar con los Inti Illimani, chilenos ellos y otra ocasión con Leonardo Franco, guitarra líder del conjunto uruguayo Los Iracundos.

Los Inti Illimani en Peguche. Foto. Archivo personal Jaime Núñez Garcés.
Sin ser figuras de la farándula; pero si mundialmente conocidos han transitado por el escenario de la mayor feria artesanal del país, la reina Sofía de España. En anterior oportunidad, el príncipe Rainiero y sus hijos Carolina y Alberto, periplo que concluyó en la Hostería Chorlaví, donde la bella Carolina, integrándose al conjunto de danzas Ñucanchi Llacta, ensayó unos pasos de un sanjuanito bien imbabureño, acontecimiento del cual hizo eco la revista Vistazo.

Princesa Carolina Grimaldi (Carolina de Mónaco) en la Hostería Chorlaví de Ibarra. Foto © Archivo personal Jaime Núñez Garcés.
Retomando la temática cinematográfica, cito el nombre imprescindible de Jean Reno (Juan Moreno y Herrera Jiménez su nombre verdadero, nacido en Casablanca, protectorado francés de Marruecos), actor reconocido y novelista hispano-francés, recordado por su rol protagónico en la película “El profesional”, invitado por una ONG, también paseó su fama por estos entrañables parajes sarances, incluyendo Peguche en su recorrido.

Jean Reno y Natalie Portman, protagonistas del filme “El profesional”.
Procedente del mero mero México, Cantinflas apadrinó a un niño otavaleño (Germán Muenala) ¿cómo la ven desdeai chatos? “el mayor comediante de todos los tiempos” según calificativo del gran Charles Chaplin. Ana Luisa Peluffo, estrella encasillada en la época del cine de oro mexicano, vino en 1976 a las inolvidables festividades septembrinas de aquel año. Para rematar con una patada voladora, luciendo su máscara plateada arribó el Santo (la historia completita, con todos los pelos y señales cuento en el artículo intitulado “En esta esquinaaa…”, aquí el enlace.

Mario Moreno “Cantinflas” apadrinando al niño Germán Muenala. Foto © Archivo personal Lcdo. Germán Muenala.
Por esta ocasión, voy a desempeñar el papel de alguacilillo para recibir del presidente de plaza la llave de los toriles antes de pasar a referirles un par de historietas eminentemente taurinas. Conchita Cintrón (Concepción Cintrón Verril, Antofagasta 1922-Lisboa 2009), la “diosa rubia del toreo”, rejoneadora que se consagró en México donde alternó con las más importantes figuras del toreo azteca: Lorenzo Garza, Luis Procuna, Silverio Pérez (a quien Agustín Lara le dedicó un hermoso pasodoble). En 1944 el presidente del Perú Manuel Prado le otorgó la nacionalidad. Año de significación especial porque exhibió su arte en la quiteñísima plaza Arenas e invitada por Don Alberto Larrea Valdivieso, propietario de la hacienda San Vicente, llegó a Otavalo junto a otras figuras del mundo taurino. Hasta hace algunos lustros, existía una inscripción en el sótano de esta hermosa casa de hacienda, allí constaba la fecha de tan memorable visita. Un caserón de arquitectura singular, éste si patrimonio auténtico, inquebrantable, lastimosamente, condenado a su extinción a vista y paciencia de la máxima autoridad municipal en funciones, digamos que por descuido (para no utilizar otro término).

Conchita Cintrón abriendo plaza en la Monumental de México.
Para no alargar la faena y evitar que suene el primer aviso “Una historia de emigrantes” es como titulé a la vuelta al ruedo por estas tierras de Luis Miguel González Lucas “Dominguín”. Enlace.
Del albero taurino a la cancha del “deporte blanco”. Francisco Segura Cano (Guayaquil 1921-Carslbad, California 2017), un tránsito ejemplar desde pasabolas a campeón mundial. Llegó a ser el “mejor tenista masculino individual del mundo” entre 1950 y 1952, docente del Beverly Hills Tennis Club de Los Ángeles, siendo la mayoría de sus alumnos estrellas del celuloide: Doris Day, Julie Andrews, Charlton Heston, Kirk Douglas y Gene Hackman entre otros, durante una temporada, entrenó a Jimmy Connors.

Francisco Segura Cano, más conocido como Pancho Segura.
Por increíble que parezca, hizo gala de su consumado profesionalismo deportivo, al enfrentar en un partido amistoso sobre una cancha de polvo de ladrillo molido, ubicada en aquel entonces (década de los cincuentas) en el patio posterior de la municipalidad de Otavalo. Pedro Alarcón se dio el lujo de ser el contrincante de semejante figura tenística. Concluida esta contienda, Segura obsequió la raqueta utilizada al niño Alfonso Rodríguez de la Torre.

Jaime Jarrín en momentos previos a una narración deportiva.
Para cerrar con broche de oro este brillante repertorio de famosos, quienes recorriendo sus calles, han enaltecido nuestro entrañable suelo, me permito citar el nombre de un grande entre grandes: Jaime Jarrín, a quien pude saludar personalmente un primero de diciembre del año 2011 en pleno Rumiñahui del parque Bolívar, como habíamos acordado con antelación. Acreditado compatriota cayambeño, el único ecuatoriano con una estrella de la fama de Hollywood por su quehacer periodístico, radiofónico y televisivo desarrollado en USA. Ha sido testigo de grandes y trascendentales momentos históricos (narró el funeral de John F. Kennedy a pocos metros del féretro). Habiendo iniciado su carrera el año 1951 en HCJB y Radio Quito, partió cinco años después hacia EE. UU. donde en base a sacrificio y perseverancia logró consagrarse. Me cabe el honor de ser su amigo personal, por una circunstancia anecdótica y providencial relacionada con “Boulevard” programa televisivo que mantenía nuestro amigo común Gabriel Espinosa de los Monteros en Ecuavisa Internacional. Los reconocimientos tanto nacionales como internacionales recibidos son innumerables. Está ya jubilado, circunstancia que le permitió visitar nuestra provincia no hace mucho. De mis “Páginas anteriores”, mi primera “travesura literaria” opinaba en un mail enviado:

Jaime Jarrín durante su visita realizada en 2011 a Otavalo. Foto © Archivo personal. Jaime Núñez Garcés.
Debo confesar que siento envidia de Otavalo por tener a un Jaime Núñez Garces, un relator extraordinario que me ha permitido aprender mucho de personajes y vivencias que han forjado esa identidad tan propia y hermosa de su Otavalo, su Imbabura y por qué no de todo nuestro Ecuador. Que no diera porque Cayambe tuviera un hijo predilecto que pudiera plasmar la majestuosidad de su nevado, el desenvolvimiento de su pueblo, su idiosincracia, su pujanza y la generosidad de su fértil tierra.
Nuevamente, festejo sinceramente el haber sintonizado Boulevard, ya que, gracias a este programa, logré ponerme en contacto con usted con la esperanza de, a pesar de la distancia, establecer un sólido lazo de amistad entre un chagra cayambeño y un ilustre hijo de la diáfana Otavalo. Reciba un fuerte abrazo y saludos para su familia.
__________
Fuente: Núñez Garcés, Jaime. Comunicación personal, 17 de junio de 2026.