ACTIVIDADES CULTURALES

Los objetivos de Los Atabaliba en la versión original.
FOTO © Edgar Rodrigo Orbe Mena

15. Las sedes sociales
Para las reuniones periódicas arrendaron un cuarto a la señora de las fritadas, doña Marujita Pinto. En el centro pusieron una mesa de billar y por un tiempo fue la sede oficial de la institución. 

Otro sitio frecuentado por los Atabalibas era el salón “El Ideal” del señor Luis Vásquez (+) donde había una rockola con canciones de moda. Los que no cabían adentro, se sentaban en las aceras. Era un grupo numeroso, recuerde. No había local que acoja a todos al mismo tiempo. Rodrigo reconoce “la bondad que tuvo Don Luis Vásquez, propietario del Salón Ideal, pues fue quien nos entendió y soportó nuestras travesuras, tertulias que se alargaban  y Don Luis nunca nos reclamó, pues no éramos consumidores de licor, aunque algunas veces se consumía unas pocas cervezas y gaseosas”. 

En una de los períodos que Rodrigo ejerció la Presidencia del club, se organizó un homenaje sorpresa a Don Luis. El y su familia fueron invitados casualmente al Salón Rincón de Belén, de propiedad del señor Jorge Donoso, un miembro Atabaliba. El salón está ubicado junto a la Iglesia El Jordán. 

El espectáculo organizado se dio inicio con “sartas de voladores, cuyes, silbadores, vacas locas, papatruenos y al acorde de la Banda de San Rafael de la Laguna, bailando el “No hay Como Otavalo” dimos la vuelta al parque  y culminamos en la calle frente al salón”. Los juegos pirotécnicos, el baile y la alegría se fundieron en un acto de gratitud a quien los apoyó calladamente durante tanto tiempo. El programa terminó con un brindis y una cena al que numerosos Atabalibas se dieron cita.

Izquierda, Hugo Villa, derecha, Edgar Rodrigo Orbe Mena.
FOTO © Edgar Rodrigo Orbe Mena

16. El vino de misa del Padre Pérez
Cuando el Padre José Nabor Rosero era párroco en la Iglesia San Luis, le asistía un sacerdote más joven llamado Gustavo Pérez, oriundo del Carchi. El Padre Pérez encajó con la agrupación juvenil a pesar que Los Atabalibas eran un grupo de orientación izquierdista. En ocasiones participaba de las reuniones con ellos. Las reuniones, solían ser en el Pretil, en la Biblioteca Municipal y hasta en la residencia del Padre. Confiaron en él porque solía escuchar sus inquietudes y una de las recomendaciones que les hizo fue no tomar alcohol si querían ser buenos deportistas. Espere a leer la parte final. 

Gonzalo «Chalo» Córdoba, un joven quiteño, primo de Luis y Patricio Sotomayor,  había venido a pasar las vacaciones de fin de año en Otavalo. Era muy diestro tocando el acordeón. Según Rodrigo,  “nos acompañaba casi todas las tardes al Lechero a ver la salida de la luna por detrás del Imbabura y contemplar el reflejo de la luz en la laguna de San Pablo. Este hecho empataba con el espíritu poético-sentimental del grupo”. Debido al peso del instrumento, los amigos se turnaban para acarrearlo hacia el lugar escogido: el Lechero, los túneles del tren, Reyloma. El regreso ya era responsabilidad del dueño. Una noche de luna llena bajaban muy tarde del Lechero y decidieron dar una serenata  improvisada al Padre Pérez. Con la música, el Padre se conmovió tanto, que los aplaudió y como no tenía nada que ofrecerles, los invitó a su residencia, sacó el vino de misa y les repartió un poquito a todos. Tan contento que estaba, esta vez les recomendó tomar vino pero no tanto.

FOTO © Edgar Rodrigo Orbe Mena

17. Los niños pintan a Otavalo
Fue producto del grupo Atabalibas el Concurso Anual “Los niños pintan a Otavalo”. Un proyecto que tuvo una duración de 40 años. Para exhibir las obras se las ingeniaban para usar los árboles del parque, el Pretil, los Portales, Intiyán, Chicapán. En una ocasión, el hijo de Hugo Cifuentes, ganó el concurso con una obra titulada, “Iglesia en construcción”. Estaba tan bien dibujado que fue vendido en la cantidad de 1.000 sucres en esa época. 

18. Octubre, Mes de la Cultura
“Octubre, Mes de la Cultura”, por ejemplo, es una idea surgida de este grupo en Otavalo, mucho antes que el programa cultural “Agosto, Mes de la Cultura” iniciara en Quito. 

19.  Festivales de Música
Se organizó un Festival de Bandas de Pueblo. Organizaron conciertos de música en las iglesias por Navidad con la colaboración de la Banda Municipal. 

20. La Cantata a Otavalo
Fue un apoteósico homenaje a Otavalo basado en una obra de teatro compuesta por Juan F. Ruales con la colaboración de la Banda Municipal y las escuelas de la ciudad.

21. Carlos Michelena
El grupo invitó por primera vez a Otavalo a Carlos Michelena a mostrar sus dotes humorísticas en la ciudad.

22. La comparsa en las Fiestas del Yamor
En el año 1969, los Atabalibas formaron la comparsa más grande que se haya presentado hasta entonces. Los miembros de la comparsa, hombres y mujeres, fueron dirigidos en la coreografía por el amigo Paco Salvador.

23.  El Chasqui Atabaliba
La Radio Otavalo tenía un programa de música desde el año 1965 llamado El Chasqui Atabaliba. Era un programa de música en vivo realizado todos los días sábados para presentar a nuevos talentos o para invitar a músicos ya reconocidos. Constituía el abrebocas a las Fiestas del Yamor y servía de estímulo para promover la música de la ciudad. Adquiría el punto más alto durante las Fiestas del Yamor. Según Rodrigo, «el Chasqui Atabaliba con su concepción y trascendencia socio-cultura-política, constituyó uno de los números más trascendentales de la fiesta del Yamor». Este evento fue posible gracias a la colaboración de muchos compañeros, los guiones eran creados principalmente por Marco Chicaiza y Rommel Andrade.

En el Imperio Inca, los chasquis eran mensajeros jóvenes que transmitían  mensajes de la realeza a través de un sistema de postas. El mensaje era transmitido por el chasqui (mensajero) quien corría inmeditamente  hacia la posta siguiente. De  posta en posta, el mensaje  llegaba rápidamente a la meta final. 

En el año 1970, un grupo de Atabalibas presentaron un bosquejo para hacer del Chasqui Atabaliba algo que enlace distintas ciudades del país y que termine en Otavalo, el día del Pregón de las Fiestas del Yamor. Se recogerían mensajes en cada chasqui cuyo destinatario  final sería Otavalo. En 1971, el plan adquirió fuerza y fue lanzado oficialmente como un evento que represente un sentido nacional.

La organización requirió la dedicación total de Juan F. Ruales, Marco Chicaiza, Jorge “santuario” Donoso y Guido Barragán entre los principales, pero detrás se movían más integrantes de los Atabalibas. Gracias a la Radio Otavalo y sus contactos, el plan adquirió categoría nacional pues se logró la colaboración de la Misión Andina para la difusión de la idea del Chasqui Atabaliba entre las comunidades indígenas. Se obtuvo además, el respaldo del Ministerio de Bienestar Social. Marco Chicaiza desde la Radio Otavalo contribuyó en el aspecto logístico para ir conectando los puntos de relevo del Chasqui.

Comenzó en Loja en donde se recogió el mensaje inicial, los chasquis fueron atravesando poblados y ciudades grandes del sur del país hasta llegar a Ambato donde hubo una pausa antes de llegar a Quito. En la Capital el “Chasqui Atabaliba” fue recibido por el Presidente de la República, doctor José María Velasco Ibarra. 

Desde Quito, la delegación comenzó a aumentar en número de participantes, en tanto en Otavalo el Pregón esperaba el arribo del último chasqui para dar inicio al Pregón de las Fiestas.  Cerca de llegar a Otavalo, el chasqui se acrecentó en participantes que acompañaron a la delegación. El sonido de las sirenas de los patrulleros y vehículos acompañantes   anunciaron el arribo de la posta final. En el Parque Bolívar hubo una pequeña ceremonia que recibió el mensaje de confraternidad, amistad y unidad de los pueblos de la Sierra para Otavalo.

Cuenta Rodrigo que la Radio Otavalo estaba ubicada en la calle Modesto Jaramillo a 20 metros de la Plaza de los Ponchos. Luego se cambió a otro local más adecuado en la casa de la señora Victoria Toapanta, pero el local quedó siempre muy pequeño. Los grupos que deseaban participar se los recibía en Los Portales, puerta de entrada a la Radio. Primero debían cantar una canción para ver si era posible su participación. Continúa, “recuerdo con mucho cariño a muchos actores, pero hubo grupo de amigos indígenas que nos acompañaron algunos años, Los Apachitos”.  A más de Marco Chicaiza, Edgar Guerra, Marcelo Carrión, Hugo Jácome, Adrián Chicaiza, colaboraban coordinando el Chasqui Atabaliba en la Radio.

Junto a Marco Chicaiza (+)
FOTO © Edgar Rodrigo Orbe Mena

24. El primer camino a la cascada de Peguche
Este sitio de gran belleza natural era muy frecuentado por visitantes pero carecía de una vía adecuada. Lo que existía era una trocha insegura, conocida por la gente local. Obviamente, teniendo una vía más accesible se podría promocionar mejor la cascada para atraer más turistas y por añadidura para mejorar la condición social de la gente que habitaba en la proximidad de la cascada.

Los Atabalibas idearon un proyecto social que involucre a la mayor cantidad de gente posible para trazar una vía más ancha, de acceso fácil y seguro hacia la cascada. Se promocionó directamente con la gente campesina que habitaba en los sectores aledaños. Se solicitó el auspicio a varias instituciones para financiar el apoyo logístico: comida, herramientas y voluntarios. La Iglesia apoyó decididamente con una gran cantidad de ingredientes para elaborar comida que sería distribuída a los participantes. El proyecto iba tomando cuerpo. El señor José Antonio Sánchez, padre de la licenciada Marcia Sánchez, ofreció su vivienda en Monserrate para que sea utilizado como el centro de abastecimiento y elaboración de la comida. 

El día programado, vieron con mucha alegría que la gente comenzó a llegar temprano con sus propias herramientas pero el flujo de gente, indígenas y mestizos, no cesaba. Con palas, azadones y un enorme esfuerzo humano la vía fue tomando forma hasta llegar al punto final. Las estimaciones acerca del número de personas colaborando en la minga quedaron cortas e iba a faltar comida. Empezó la preocupación. Se corrieron las voces y se  movilizaron por la ciudad para solicitar colaboración. La ayuda comenzó a llegar en forma espontánea: de la gente del barrio, de las familias de los Atabalibas y donantes anónimos de la ciudad. Se calcula que repartieron más de 2.000 raciones ese día. ¿Cómo lo hicieron?  Con viveza, uniendo fuerzas y corriendo la voz. La idea de la minga era loable, la labor de los mingueros fue admirable, la coordinación de la minga tuvo muchos sobresaltos pero el resultado fue un acto social cuyo resultado dejó un camino de entrada a la cascada. El camino persiste, la historia detrás del camino inicial no debe ser relegada al olvido. 

La narración continúa, “en estos años año los Atabalibas estrenamos un nuevo atuendo en la vestimenta, un poncho de franela rojo con cuello en V y en el centro del pecho el logo de los Atabalibas, que se hizo característico por muchos años. Tanto caló el gusto y euforia que personalmente me hice un poncho de casimir rojo que me daba hasta los talones, comprado en el almacén de los portales de la señora Victoria Toapanta, madre de Marco Chicaiza”.