La fiesta del Yamor, con merecida fama en muchas naciones del mundo, cumple este año sus bodas de oro. Vuelve a ser un buen ejemplo de organización que lleva aparejado esplendor, belleza y alegría a raudales por las expresiones de cultura popular de amplia gama. Por ello las celebraciones que comenzaron hace una semana en Otavalo, el Valle del Amanecer, acuñan muy bien aquel eslogan popular que dice: La fiesta más alegre en la ciudad más amable del país, que enunció en cierta ocasión Edwin Rivadeneira.

Si se visita Otavalo no hay que privarse de un recorrido por los almacenes de la ciudad y de la Plaza de los ponchos, que ofrecen a los turistas nacionales y extranjeros no solo los iniguables tejidos multicolores hechos por las hábiles manos de sus artesanos indígenas, sino otras creaciones del lugar y de poblaciones vecinas como San Antonio de Ibarra. El día de la gran feria es precisamente el sábado, aunque el resto de la semana se puede encontrar cualquier artículo tipo recuerdo en establecimientos apropiados.

Tampoco se puede prescindir de un recorrido por los centros culturales, poblaciones cercanas y sitios de gran hermosura como el lago San Pablo, donde hoy se realiza la popular travesía, o la cascada de Peguche.

Con motivo de las fiestas del Yamor, una chicha preparada ancestralmente con siete variedades del maíz, además de saborear esa bebida también se podrá degustar platos típicos como el hornado, cuy asado, llapingachos y otras delicias culinarias.


Fuente: Arteta, Germán. «La Magdalena y Otavalo, dos hermosos destinos». EL UNIVERSO. 6 de septiembre, 2002. Web. 13 de enero, 2019.

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