Cuando el poeta Edgar Allan Poe indaga en los misterios de la felicidad humana insinúa que dicho estado se lo encuentra siguiendo cuatro puntos cardinales, como razones que nos asisten para ser feliz: la vida al aire libre, el desprendimiento de toda ambición material, el amor de una mujer y descubrir una belleza nueva cada día.

Luciana Navarrete junto a su padre, Roberto. FOTO © 2021 Leonardo Parrini.

Sin duda, una utopía distante que la voz y el talento de Juliana Navarrete aproxima con su canto. Inéditas resonancias en su armonía hacen posible un estado de recogimiento espiritual el momento en que la tesitura vocal de Juliana reivindica un elemental derecho en quien la escucha: la alegría de vivir. Esa rotunda sensación tuvimos al descubrirla como artista al tenor de una noble causa cantando en el concierto solidario con Juan Paredes, mientras el músico chileno libraba una decisiva batalla por su vida la noche del 27 de mayo pasado.

Ella canta con el amor de una mujer que lucha -que es la más alta forma de amar-, con su voz en libertad como el aire que respira, con desprendimiento de toda materialidad, propio del idealismo de la juventud que permite descubrir una belleza nueva cada día.

-“El amor y la lucha no son inseparables, una canción de lucha parte del amor, no creo que haya como separarlos, son dos amores diferentes, en la lucha siempre hay un gran motivo de amor, tu puedes amar tu libertad, tu país, tu gente y su futuro, sugiere Juliana.

Una infancia fecunda

La belleza y la alegría de vivir conjugaron en Juliana una existencia plena, en el ambiente bucólico de Otavalo, donde su padre -Roberto Navarrete- y su abuelo paterno le heredaron la exquisitez del arte musical.

-“Mi infancia la recuerdo de mil formas, mi padre y mi madre siempre han sido amantes de los animales, con mi padre nos íbamos a caminar en gran aventura en el ambiente de campo de una pequeña granja familiar donde había borregos, conejos, patos, en gran conexión con la naturaleza”.    

Nació y creció en el núcleo de una familia de músicos, esa fue la fragua que templó su talento, pulido cual diamante bajo el cincel orientador del padre. De su mano conoció la Nueva Canción Chilena, referente de las luchas del cono sur. Recibió desde temprana edad educación vocal en profunda conexión con su progenitor, para ella “zapatos muy grandes que calzar” en el camino de su formación musical.

-“Siempre sentí la conexión de cantar con mi padre, el ser que me dio la vida y a quien amo infinitamente. Un referente musical increíble que me ha inspirado en adquirir ese nivel de expresividad en las canciones. Es una gran responsabilidad ser hija de Roberto Navarrete, le tengo mucho respeto, canto con el acompañamiento de su guitarra y si canto junto a él tengo que hacerlo bien”.

Siendo adolescente, Juliana integró grupos corales estudiantiles y allí aprendió que su registro de soprano era la mejor evidencia que había nacido la interprete de una familia de pájaros cantores, en el nido de una estirpe de artistas que arrullaron su talento.

-“La música es toda mi vida, de niña no me dormía si no escuchaba música”.

Entre cantautores que influyeron en su formación musical está Violeta Parra de Chile, los argentinos León Gieco, Gustavo Cerati, Charlie García y Le Luthier, el español Joaquín Sabina, con su música “que tiene historias, además de ritmo”. Música de amor y lucha que, a la postre, tiene un futuro complejo en las preferencias de las nuevas generaciones.

-“Entre los jóvenes de nuestra generación que todavía compartimos ese sentimiento de lucha, le veo un futuro de pelea a la canción latinoamericana”.

Como exponente de una nueva generación, Juliana Navarrete se hizo cantante cultivando un talento innato con una tesitura en su voz en extremo afiatada, con resonancias propias de un timbre en plenitud de singulares tonalidades expresivas que emite vibraciones armónicas de apropiada intensidad, tono, timbre y duración, según señalan los expertos.

-“Creo que el arte te permite expresar lo que uno es y abre una ventanita al mundo sobre lo que uno piensa y siente. La música, a través de la historia, ha sido una gran arma de lucha, si hay una función del arte es que nos da libertad”. 

¿Quién sabe si el artista nace o se hace por los caminos libertarios de la vida? En el caso de Juliana Navarrete es una incógnita de segundo orden. La joven artista ecuatoriana tiene el don de hacer al ser humano feliz con su canto. Con una alegría de vivir propia de los seres alados que encuentran la felicidad en los cuatro puntos cardinales, en busca de una belleza nueva cada día.


Fuente: Parrini, Leonardo. «Juliana Navarrete, un canto de amor y lucha». lapalabrabierta.com. La Palabra Abierta, 6 de junio de 2021. Web. 12 de junio de 2021.

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