Purik Arawi, un poemario kichwa

Purik Arawi o Poesía Nómada es el primer hijo literario de Gladys Potosí, que pertenece al pueblo kichwa – Caranqui de Angochagua.

El poemario está escrito en lengua kichwa y castellano, su hilo conductor es la filosofía andina, pues los poemas están estrechamente relacionados con los tres Ukus o mundos espirituales: Hanan Pacha (el mundo de arriba), Kay Pacha (el mundo de aquí) y Uku Pacha (el mundo de abajo).

Los Poemas Andantes recorren y recuperan la ancestralidad del publo kiwcha, en sus versos se reflejan Dolores Cacacuango, la madre, la abuela y la bisabuela de la escritora y toda una cosmovisión de su pueblo. Además, reconoce la vida de actores culturales de Imbabura.

“Purik Arawi entrega a los lectores todo un compendio de literatura bilingüe, se trata de vivencias cotidianas que he vivido, creo que estas pequeñas historias, estas pastillas hechas prosa pueden reconocerse los lectores, puede ser un reflejo de sus vidas” dijo la poeta.

El proceso de creación del poemario – señala la autora – nace en 2015, con la recuperación y aprendizaje de la lengua originaria. Indica que de tres minutos que de una conversación de dos hablantes kichwas, el 80% de palabras son castellanas.

“Para poder escribir este libro he tenido que realizar un proceso de reaprendizaje del vocabulario y estandarización de la lengua kichwa. El libro es el resultado de ese proceso de investigación y de mi transformación”, dijo la poeta.

Gladys con este libro quiere motivar al lector hacer cosas positivas por la vida, que a través del arte y la literatura se pueda sostener el mundo globalizado “este es un mensaje para que todos seamos constructores de paz y de amor”, comentó.

La autora mencionó que con el poemario el lector podrá viajar a diferentes mundos “ viajaremos al cielo, al submundo, al presente, al sol, a la luna, estaremos en el mirador Muchanakum Rumi, un poema es el creador de un universo y el lector tiene la oportunidad de leer y crear sus propios universos”, aseguró.


Fuente: «Purik Arawi, un poemario que rescata la lengua kichwa». elnorte.ec. Diario EL NORTE, 2 de octubre de 2022. Web. 11 de octubre de 2022.

El reencuentro con mis coterráneos

𝗘𝗟 𝗥𝗘𝗘𝗡𝗖𝗨𝗘𝗡𝗧𝗥𝗢 𝗖𝗢𝗡 𝗠𝗜𝗦 𝗖𝗢𝗧𝗘𝗥𝗥𝗔́𝗡𝗘𝗢𝗦

𝐽𝑎𝑖𝑚𝑒 𝑁𝑢́𝑛̃𝑒𝑧 𝐺𝑎𝑟𝑐𝑒́𝑠

El dicho popular “a la tercera va la vencida”, en buen romance indica que al tercer intento puede conseguirse el fin deseado. Para íntima y desbordante satisfacción, el Reencuentro de los Otavaleños Ausentes, así bautizado, fue un éxito desde la primera tentativa, pese a que por ahí se pronosticó que asistirían “cuatro pelagatos”. A las imágenes retrospectivas que evocadoras desfilaron por mi mente, cuando en aquellos años de dichosa adolescencia, disfrutábamos de nuestra fiesta septembrina, señalo como causantes de que en mi interior naciera un texto, dictado por la añoranza y escrito con el corazón, tal fue el punto de partida de la ahora concurrencia anual multitudinaria, trascendental y emotiva.

Volver a ser protagonistas del ambiente que décadas atrás predominaba durante los diez días de celebración auténtica, única, es el objetivo primordial y reiterativo, incurriendo en un intento por rescatar la verdadera identidad de la fiesta más alegre, de raigambre eminentemente mestiza, hoy, irreconocible y tan venida a menos.

Es sumamente grato, comprobar que el llamado anula distancias y poco a poco, van llegando los paisanos. En sucesión espontánea, la cálida bienvenida da paso al estrechón de manos, al abrazo sincero o a la palmadita en el hombro, gestos saturados de esa otavaleñidad característica que encuentra prolongación en una multiplicidad de diálogos amenos, donde afloran los recuerdos y la nostalgia por el Otavalo de ayer, donde todos nos conocíamos… aquel de las callecitas empedradas. Entorno muy íntimo, custodiado por la iglesia de San Luis y el palacio municipal donde en acto seguido, por un espacio de cuatro horas inolvidables, reinan la camaradería y el regocijo enmarcados para la posteridad en numerosas fotografías como evidencia fidedigna.

Como ya es costumbre, tras la realización del programa, sobrevienen los comentarios –mayoritariamente positivos–, las críticas constructivas, una que otra sugerencia; pero como “de todo hay en la viña del señor”, también las apreciaciones de otro tipo. Conviene recalcar que el reencuentro no puede transformarse en un festival artístico-nocturno donde puedan cantar “Raymundo y todo el mundo”. Con sana intención, Patricio Proaño, Ramiro Velasco y vuestro servidor, hemos emprendido en la tarea de recuperar la fiesta mayor dando el primer paso, de allí, mi formal invitación a todos los grupos e instituciones, otavaleños ausentes y residentes, con ímpetu inclaudicable y desde sus propias trincheras, promuevan un rescate de esta celebración, evitando con firmeza que vaya enrumbándose en una mutación ilógica como ya está sucediendo ¡prioridad! Restablecer la elección de Reina del Yamor, otrora, el certamen del cual nos ufanábamos, absurdamente eliminado mediante un sui géneris y hasta ridículo levanta manos, inmerso en una asamblea conformada a conveniencia. Confiemos que la próxima alcaldesa o alcalde electo, con un criterio más ilustrado, eche al traste esa ordenanza fraudulenta. La pertenencia que en los albores nos legara el grupo Crack (conformado por jóvenes conciudadanos que estudiaban en Quito) y en una revolucionaria etapa –a partir del año 1967–, la visión futurista de Efrén Andrade Valdospinos, no puede, no debe trastocarse ni fenecer por inanición.

Gracias, muchas gracias a los coterráneos que acudieron desde diferentes puntos (hasta del exterior) al llamado de la sangre, del terruño entrañable, a todas las agrupaciones y en general a todos quienes con su presencia engalanaron este tercer reencuentro. Mi reconocimiento sincero a las radios Luna, Más, Diario El Norte y Sarance Visión, por las entrevistas concedidas, orientadas a promocionar esta programación. La originalidad con que actuaron los miembros del grupo La Tropa, hizo vibrar mis fibras íntimas, digna del mejor aplauso, su iniciativa de obsequiar un heladito con pan, hizo que mentalmente retrocediéramos a la edad escolar, esa era la costumbre habitual y el detalle caballeroso de obsequiar una rosa roja a las damitas presentes, simple y llanamente digno de encomio.

Vestir una camiseta colorida o una chompa elegante, es ya una modalidad implementada por algunas agrupaciones, hoy, vistámonos con el azul, rojo y verde de nuestra bandera para alcanzar una reivindicación de “La fiesta más alegre en la ciudad más amable del país” ¡VIVA OTAVALO!

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Autor: Núñez Garcés, Jaime. Comunicación personal, 20 de septiembre de 2022.

Una celebración ancestral

Aunque nada detiene la celebración del Inti Raymi, ni la pandemia y peor aún el paro nacional que se ha estado viviendo, esta ceremonia ancestral es muy importante para la comunidad indígena, no solo de Ecuador sino de otros países como Perú, Bolivia y Chile.

Bailar en un círculo mientras se canta y se tocan instrumentos tradicionales es lo que se ha visto en medio de las manifestaciones, específicamente en Quito y una parte en Imbabura. Recientemente el 21 de junio se celebró el Solsticio de Verano, que también es parte del Inti Raymi.

José Echeverría, docente investigador de la Universidad Técnica del Norte, UTN, explica que el 21 es la culminación del ciclo agrícola que fue un referente temporal para la época, es decir, “los solsticios equinoccios eran referentes para organizar el tiempo”.

El Inti Raymi es el festejo del sol, de acuerdo al docente es un nombre popularizado con la conquista incaica, que se solía llamar Aucay Cuzqui Inti Raymi, “acá probablemente el nombre propio era Hatun Puncha (la fiesta grande), pero con la llegada de los españoles le pusieron un término cristiano que es San Juan. Antes de los incas ya había una veneración al sol que era el Dios mayor visible y en cada etapa del crecimiento del maíz había una fiesta”.

“Con el Inti Raymi se implora a los dioses andinos para que la cosecha sea exitosa y al mismo tiempo se agradece a la pachamama”. Sin embargo, lo que más llama la atención, según el investigador es la pelea ritual o batalla, que se da normalmente en Cotacachi.

En la actualidad hay cambios, José Echeverría señala que ya no hay la visita que hacían las cuadrillas de bailarines a las casas que estaban en el mismo campo, ahora hay más concentración en los parques y plazas. “Ya se folclorizó”. En la vestimenta también se ven cambios.

“Originalmente era un remedo a los españoles, el pantalón era el famoso bombacho y cubrirse la cara con caretas de malla, pero ahora se disfrazan de cualquier cosa, incluso no se disfrazan y bailan con su vestimenta que usan a diario”.


Fuente: «Inti Raymi: Una celebración ancestral que ha tenido cambios». elnorte.ec. Diario EL NORTE, 24 de junio de 2022. Web. 20 de agosto de 2022.

Sixto Mosquera

EL SALUDO REVERENTE DE SIXTO MOSQUERA

 Escrito por Jaime Núñez Garcés, Otavalo abril 2022.

“Estirpe será de cóndores
valerosos en su tierra, 
de la tierra en que sus alas
con alborozo batiera,
espantando a las palomas
dormidas en las cubiertas,
y a Doña Carmen, su madre,
dándole angustias y penas.”

Recuerdo que durante los años escolares, sentíamos una predilección única por el avioncito de hojalata colocado sobre un conjunto de siete nichos, a escasos metros del ingreso al camposanto, cuando concluía la cristiana acción de escoltar cortejos fúnebres, ajenos al dolor de quienes los encabezaban. l La infantil impresión, nos despertaba el deseo incontenible de manipular tan atractivo objeto, mientras imaginariamente abordábamos la nave para alcanzar horizontes ignotos. Firme, con su proa señalando el norte enfrentaba al decurso irrebatible del tiempo, las brisas intermitentes hacían girar su hélice, ansiosa por impulsar algún vuelo minúsculo.

Infinidad de lluvias, soles caniculares u otros ímpetus veraniegos, han acariciado su fuselaje de fantasía, añadiendo sutiles brochazos de óxido y vetustez. Lucía ya destartalado, con sobre horas de perpetuar una insigne memoria, hasta caer abatido por obra de manos desaprensivas.

Con expresión serena y facciones inalterables a pesar de las décadas transcurridas, la propia efigie en altorrelieve del Capitán Sixto Mosquera custodia sus restos mortales, aparenta contemplar el septentrión azulado de la querencia siempre vigente. Aromas de cipreses trasquilados y una quietud quebrantada periódicamente por funerales de  luto riguroso, manifiestan solidaridad con la blancura dominante del entorno.

Las primeras referencias sobre la personalidad del distinguido piloto otavaleño, nos llegaron vía profesor del grado, estas, hacían inevitable el contertulio de admiración entre los compañeros. Testimonios fidedignos, aderezados con la cautivante narración, propia de las generaciones precedentes, han contribuido a un conocimiento mayor, fundamento sustentable para el relato concurrente.

La innata vocación de querer remontar las alturas, exigió a Sixto Mosquera Pinto, prepararse debidamente en la base de Salinas, y capacitarse después en Ground School, Corpus Christi y Pensacola, academias aéreas estadounidenses en donde según publicaciones, se alistaban los pilotos más experimentados para combatir en la segunda guerra mundial.

La apacibilidad de sus años infantiles y juveniles, encontró espacio en las aulas de la escuela Diez de Agosto y del Normal Rural Alejandro Chávez respectivamente. Estudiante aventajado que por costumbre acudía con otros miembros del “Nautin Club” a nadar en el Neptuno, o al taller de Don Augusto Dávila, para dar rienda suelta a la camaradería lugareña.

Una indescriptible satisfacción invadiría su ser al recibirse como aviador de la Fuerza Aérea Ecuatoriana, atrás quedaban rezagados sus primeros vuelos, y para empolvarse, el diario donde escribiera: “Primer vuelo nervioso. Segundo emocionado. Tercero, perdí el miedo por completo”. Ese momento, su sueño era ya un hecho real, quizá cuando niño revestía caracteres utópicos, al mirar un avión cruzando el cielo imbabureño.

La determinación de saludar desde el aire a su entrañable tierra, surgió espontánea, compromiso ineludible que cumplió en más de un 31 de octubre, fiesta cívica de Otavalo declarada como tal por el Ingeniero Federico Páez, encargado del mando supremo de la república, mediante decreto número 33 del 17 de octubre de 1935.

El último día del décimo mes, era esperado con ansia para mirar el vuelo temerariamente rasante del paisano, inclusive apostaban que Sixto Mosquera llegaría, pues muchos sabían con antelación de su venida, “la primera vez nos asustamos, bajaba más o menos hasta la mitad de San Luis”, relata una testigo.

Un zumbido gradualmente perceptible, anunciaba a media mañana la grata visita. Con las manos firmes sobre el mando, pasaba revista a esa sucesión de imágenes candorosamente alineadas: la solariega beldad del Fuya Fuya, los lomeríos retozones de sus itinerarios vacacionales que vertiginosos (Cotama de frente y Rey Loma de costado) acudían al encuentro, y sobre todo, esas casitas amorosamente estáticas que formando un manojo ensoñador se hacen llamar Otavalo.

El estrépito sorpresivo hacía que las gallinas cacarearan despavoridas en los huertos de la ciudad cumpleañera y los perros elevaran al cielo su ladrido amenazador. Las aulas quedaban vacías, y los patios admitían a escueleros asombrados; el accionar artesanal paraba, porque sus hacedores salían a media calle para contagiarse del entusiasmo reinante.

La intrepidez de Mosquera en su vuelo de reconocimiento terrígeno, provocaba exclamaciones de emoción. Casa, escuela, parque, las tres iglesias con sus campanarios melodiosos y los coterráneos arremolinados, eran objeto de ese abrazo espiritual indefinible enviado desde arriba. 

Enfilando el aparato por la calle Bolívar, sobrevolaba a pocos metros del hogar querido, balanceándose daba vuelta para “entrar en barrena” e insistir con el mensaje filial a sus padres y al terruño (cuentan que en cierta ocasión muchas tejas del municipio cayeron). Dos o tres pasadas precedían a la ascensión impecable. Rebosante de satisfacción se alejaba, confiando en que Otavalo caminaría siempre adelante, porque el amor de sus hijos es eterno.

Entre las visitas realizadas, destaca la del 31 de octubre de 1947. A pesar de que el jefe del Servicio Meteorológico de la Base Aérea Mariscal Sucre, alertó sobre la proximidad de una tormenta con fuertes vientos procedentes del noroeste, e hizo conocer del peligro a los aviadores presentes, Sixto Mosquera resolvió despegar con rumbo a la cita ineludible, obviando riesgos inminentes, minimizados por esa irresistible atracción telúrica que ejerce el lugar de origen.

Un viaje lleno de peripecias prometía la bruma reinante. A las 10h00 alcanzó los 4.500 pies, amenazador, un gran manto de nubes grises pretendía impedir el paso al avión cuya envergadura se cubrió de granizo en el páramo de Mojanda, perdiendo estabilidad y altura. La tenacidad y pericia vencieron todo obstáculo, haciendo posible el reencuentro, y que la veneración paseara apartando aires festivos.

El vuelo siniestro, final e inexorable, llegó a la existencia de Sixto Mosquera un 9 de mayo de 1949. En las breñas del Runtun (estribación oriental del Tungurahua), rindió tributo a la muerte. El perfil de una aeronave delineado en las vellosidades de su amplio pecho, hizo posible la identificación del cadáver, ya que su rostro de tez blanquecina y cabello castaño medio ondulado, había sido aniquilado por decisión irrevocable del destino.

Muy adolorida, la patria chica acogió en su seno a un hijo predilecto, envuelto en el emblema patrio, sus despojos mortales repasaron la calle real en recorrido lento hasta el cementerio, y desde aquél memorable día, el avioncito de hojalata atrapaba la mirada de las generaciones nuevas y la efigie aun perenniza el recuerdo glorioso. 

 

Proyecto Away Pacha

Como ya lo informó EL NORTE en días recientes, la escritora kichwa otavaleña, Yana Lema, ganó el “Fondo de Producción para Artistas Ecuatorianos” (Raíz), gracias a su proyecto denominado: Away Pacha/Tejido Cósmico, el cual refiere a la creación de “libros textiles” mediante palabras, hilos, tejidos y colores; a fin de reconocer otras formas de escritura, en este caso, amparadas en simbologías kichwas y en la literatura alfabética contemporánea.

“La convocatoria para el premio Raíz se abrió para artistas ecuatorianos de arte contemporáneo, hace unos 4 meses. Me interesó mucho y presenté mi proyecto. Esto de la escritura es como un tejido de palabras.

Como escritora indígena la relaciono mucho con la tarea del tejido de la geometría sagrada, pues dentro de ella hay mucha simbología, conceptos y contenidos”, explicó la artista, quien además se desempeña en varias facetas más, como el periodismo y la docencia.

Con la adjudicación del mencionado premio, que a propósito entrega un estímulo económico de USD 5 mil, para la producción en físico del proyecto ganador, Lema trabajará en el montaje de una exposición, en donde exhibirá los mencionados “libros textiles”.

“Esta exposición se va a dar en septiembre en el Centro de Arte Contemporáneo, en la ciudad de Quito. Combinaremos estos dos textos: alfabético contemporáneo y simbología kichwa. Es un poco también romper con que la idea de que el libro es siempre de papel. Para nosotros, hay una historia larga de que nuestros textos han estado escritos en los textiles, hechos con los hilos y los colores”, indicó Lema.

Para consolidar el proyecto, que tiene a Lema y a un grupo de personas involucradas junto a ella, deberán apelar a su sentido del ingenio principalmente, pues fusionar estos sistemas de símbolos no parece tarea fácil.

“Seguro será un arduo trabajo. Requiere de mucha creatividad, tiempo y paciencia; pero creo que es importante compartir con la sociedad el valor que tienen los conocimientos de los pueblos indígenas, del Pueblo Kichwa Otavalo en este caso. Podemos estar en cualquier escenario del mundo”, dijo.

Cabe mencionar que se fabricarán varios ejemplares para la exposición, incluidos tapices y esteras de dimensiones no habituales

Si bien los “libros textiles” que se van a producir serán netamente para la exposición de septiembre, en un futuro la escritora otavaleña planifica fabricar otros textos para venderlos a los interesados, basados en diferentes formatos.

“Estamos abriendo una biblioteca cultural en Peguche. Es una iniciativa privada de servicio social. Aprovecho para invitar a la ciudadanía que nos visite. Allí en futuro podríamos comercializar los libros textiles que creemos”, culminó Lema.


Fuente: «Proyecto otavaleño de Yana Lema gana premio nacional». elnorte.ec. Diario EL NORTE, 7 de abril de 2022. Web. 8 de abril de 2022.

Ritual de Tumarina

El Pueblo Kichwa Otavalo, a pesar del paso del tiempo, mantiene arraigadas diversas tradiciones y costumbres en su gente, como es la celebración de los diferentes Raymis que marca el calendario andino. En este contexto, se efectuó el ritual del Tumarina en la zona urbana del cantón, en donde decenas de personas se vincularon espiritualmente con la “Pacha Mama”.

José Rafael Maigua, coordinador de la ceremonia, manifestó que a lo largo del año se festejan 4 actividades, dos solsticios y dos equinoccios.

“Propiamente el 21 de marzo hacemos el equinoccio de primavera con el apoyo de un Yachak (sabio). Agradecemos a la naturaleza por lo que nos ha entregado, no sólo al pueblo kichwa, sino a toda la humanidad. Queremos adicionalmente fortalecer nuestras costumbres dentro de la urbe”, dijo.

Según el criterio de Maigua, las tradiciones andinas están vivas en la población, no obstante, siempre es necesario reforzarlas en las nuevas generaciones, tomando en cuenta que la globalización los va alienando, mediante la difusión de prácticas culturales de otras latitudes.

En el mismo orden de ideas, José Quimbo, concejal del cantón, quien también hizo presencia durante el acto, opinó que “las grandes corrientes que tratan de modelar a la opinión pública mundial siempre están en constante movimiento, sea en plataformas digitales, medios audiovisuales, entre otros; por lo cual, la única manera de fortalecer la cultura indígena es recurrir a esta reserva moral y cultural de la sociedad otavaleña”.

Como es sabido, las celebraciones indígenas tienen connotación ya sea masculina o femenina. En este caso en particular, el Tumarina, que forma parte del Pawkar Raymi, tiene esencia femenina.

“Empezamos un ciclo femenino hasta el Inti Raymi, en donde también se hace un ritual, pero enfocado a llamar al Taita Inti, que ya está en el norte. Con eso se termina el ciclo femenino y empieza el ciclo masculino, y así hasta el próximo equinoccio. Por ello, cuando bailamos incluso giramos a la derecha o giramos a la izquierda, warmi jari – jari warmi (hombre mujer – mujer hombre), que es la dualidad de nuestros pueblos”, indicó el yachak, Guillermo Santillán.

Cabe señalar que en la ceremonia ancestral estuvieron presentes un sinnúmero de féminas, quienes vivieron con entusiasmo esta celebración, como es el caso de Andrea Maigua, que pese a su juventud, remarcó la importancia de estas actividades.

“La vinculación con la naturaleza es vital, en este caso utilizamos agua sagrada de vertiente y pétalos de flores para purificar a las personas. Los mayores dicen que en la antigüedad hacían eso a los menores para que reciban un nuevo ciclo.

En cuanto al ritual como tal, es importante señalar que se desarrolló en el Parque Simón Bolívar, a las 12:00 del medio día, hora específica del solsticio. La actividad se llevó a cabo a los pies del monumento de Rumiñahui, ante la mirada atenta de invitados particulares y ciudadanía en general, que vio con buenos ojos el acto público.

“Es importante devolverle a estos espacios, que en sus tiempos fueron sagrados, la práctica de costumbres espirituales con la naturaleza”, expresó el ciudadano Germán Chávez.


Fuente: «Pueblo kichwa veneró a la madre naturaleza en Otavalo». elnorte.ec. Diario EL NORTE, 22 de marzo de 2022. Web. 23 de marzo de 2022.